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    October 21

    Cajitas - Poldy Bird

     

     

     
    Cajitas.
     
     
    Junto cajitas. Cajitas esmaltadas, cajitas de madera pintada, cajitas de cristal, de porcelana, de metal, de cartón, de nácar, todas chiquitas.
    En esas cajitas guardo los pedacitos de la felicidad. Porque la felicidad no es un enorme friso en la pared, sino un rompecabezas de pieza diminutas que se arma de a poquito.
     Y no tiene una figura fija, preconcebida, sino varias figuras, todas cambiantes, que pueden variar según los días, según las horas, según los lugares...
     Vos me enseñaste eso. Y muchas de esas cajitas tienen partes tuyas.
     No... no lo aprendí enseguida... me llevó tiempo... Cuando tu vida se apagó, el miedo y la soledad hicieron nudos con mis tripas. Golpeaba todas las puertas con terror de no ser escuchada, de no ser recibida. Y me juraba, cada día, golpear otras puertas y otras y otras, sin importarme quién las abriera, quién sería capaz de oír el sonido de campana al viento que emitía mi corazón... una campana de barco en medio del océano, una campana de catedral en medio del desierto, una campana quejumbrosa con sonido de pena y manantial al mismo tiempo... Hasta que empecé a abrir las cajitas. En una encontré un fósforo, uno de esos fósforos con los que encendías mis cigarrillos, y aunque casi no fumo, prendí uno y traté de hacer espirales con el humo, como hacías VOS.
     En otra encontré unas tierritas de colores, de Purmamarca, y el norte le trajo paz y color al sur de mi inquietud, con su placita de vendedores de pesebres, su aire de celeste transparencia, sus montañas redondas... En la de porcelana, una rosa seca y un papel dobladito: "quinto aniversario".
     En la de plata, una medalla bendecida de la Virgen de Luján. Arena de la playa mansa, monedita de austral, un coralito africano, una entrada de cine, un boleto capicúa, un anillito que perdió la piedra, un cuarzo casi dorado, una plumita de colibrí... Todos itinerarios de caminos que recorrimos juntos y yo vuelvo a caminarlos llevando tus pasos encima de los míos, ahora que tus pasos no pesan nada porque son de apenas airecito, de apenas aleteo de mariposa, de apenas una lágrima... Ya ves, ya no golpeo puertas, sólo abro cajitas para no estar tan sola. Pero, eso sí, al mismo tiempo, abro también mi corazón...
     
    Poldy Bird.

     

    October 07

    Como escribir un mail y no morir en el intento - Rosa

      

     

    Hola mi cielo...
     
    C'omo estas?te escribo sin acentos porque estoy en la compu de tu hermano y no encuentro nada en el teclado grrrrrrrrrrr, mi compu se hizo mieer...se la lleve al amigo de tu hermano para que me la arregle. Antes de irse de vacaciones me puso la fuente de tu maquina y no anduvo,me compro una nueva ayer 5 minutos antes de salir de viaje y al rato de colocarla empezo a salir olor a quemado y como él ya se iba, la lleve a la oficina,alli casi le exploto la fuente en la cara de su amigo, y se quemo un chip de la mother (...que la pario!!!), ahora no se que carajo hice para tener internet porque el LAN ese de mierd...tampoco funciona,entre al la pagina de LDRS y veo que tengo 850000000 mails y no puedo leerlos porque me marca error no se cuanto en ingles que no entiendo un jocaro,ahora lo que espero que pueda al  menos enviarte esta porqueria para que la leas y tte cag...de la risa de tu pobre madre y no te molestes en contestar hasta que te avise porque no puedo leerte.Tu hermano llamo esta manana(ni la enie tiene esta porqueria y no me acuerdo los numeros grrrrr) desde Mendoza, pero como hablo con tu papa no se si cambiaban de micro o cruzaba la frontera a Chile (uno peor que otro para entenderse! ) la cuestion que lo escucho bien. Las chicas le hicieron la despedida el jueves y le regalaron un fibron para que se marque la raya del cu....si se le borra en el
     viaje.Bueno hijita, epero que te rias un poco de lo que te escribo, como
     veras me lo estoy tomando con humor, besito....
     
    Ma ... (POR LO MENOS TIENE MAYUSCULAS !!!!JAJAJAJA)
     
     
    Rosa.
     
     

    En una de estas tardes - Carlos Pellicer

      

     

     

    En una de estas tardes.
     
    En una de esas tardes
    sin más pintura que la de mis ojos,
    te desnudé
    y el viaje de mis manos y mis labios
    llenó todo tu cuerpo de rocío.
     
    Aquel mundo amanecido por la tarde,
    con tantos episodios sin historias,
    fue silenciosamente abanderado
    y seguido por pueblos de ansiedades.
     
    Entre tu ombligo y sus alrededores
    sonreían los ojos de mis labios
    y tu cadera,
    esfera en dos mitades,
    alegró los momentos de agonía
    en que mi vida huyó para tu vida.
    Estamos tan presentes,
    que el pasado no cuenta sin ser visto.

    No somos lo escondido;
    en el torrente de la vida estamos.
    Tu cuerpo es lo desnudo que hay en mí
    toda el agua que va rumbo a tus cántaros.

    Tu nombre, tu alegría…
    Nadie lo sabe;
    ni tú misma a solas.
     
    Carlos Pellicer.
     
     
     
    October 04

    El hilo que conecta todo - Poly Bird

      

     

     

    El hilo que conecta todo.
     
    Eres el hilo que lo conecta todo, me hilvana a la música, al color, a las palabras, a los sentimientos, a la naturaleza, al pensamiento, al deseo, al espíritu.
     
    Antes de encontrarte, yo era un ramo de cosas entremezcladas, ahora soy una luz única en la que todo está fundido, aglutinado, amasado sin grumos, procesado, unificado en el sentido literal del término. Diste vuelta el cielo para volcarme las estrellas. Ovillaste el canto para atármelo al alma. Aunque me quede quieta pongo en movimiento todo lo que construye al mundo: ternura, alegría, amor. Y lo que lo transforma: mareas, huracanes, hielos, fuegos, sequías...
     
    Me voy abriendo. Y al abrirme, me expando, crezco, llego a los confines, vuelvo y entro en mí. En todas partes estás, precediéndome o esperándome. Eso es lo que más amo en ti: tu puntualidad para vencer mi soledad. Tu perseverancia para pulverizar mi pena y echarla al aire. Tu fuerza para ocupar los espacios ambiguos que existen en un ser: el espacio de la duda, el de la indecisión el de la inquietud, el del desgano... Los transformaste en depósitos de vida, latidos de reserva, semillas de tumbergias rosadas (que ya no sé si existen estas flores cuyo nombre me enseñó Silvina Ocampo). No te voy a decir que es la primera vez que me enamoro, porque no es verdad. Pero sí es la primera vez que "me enamoran". Que no elegí, que no ejercí el control desde el principio. Que sucedió sin que me diera cuenta. Que cuando supe, ya lo habías resuelto. Y empecé, entonces, a desatarme.
     
    A abrir todas las puertas. A deshacer los nudos. A tirar las piedras a los costados del camino. A respirar llenando los pulmones. A desprenderme culpas y dolores, resentimientos y rencores y dejarlos en papeleros amarillos. Me gusta tu nombre estereofónico, tu voz vibrante y áspera... ¡bah, todo me gustas!
     
    De pe a pa. Tu risa un poco tímida. Tus manos sensitivas. La forma en que entornas los ojos con un movimiento casi infantil, como si los párpados pudieran defender todo lo que se lee en ellos. Y tu mirada rápida, directa, que se adelanta siempre a tus palabras, como si les fuera abriendo paso. Me gusta que te importe lo que digo, lo que pienso, lo que siento. Que tengas curiosidad por todo lo que tiene que ver conmigo. Que estés constantemente tratando de asomarte a mi corazón. Para que puedas espiarlo, lo dejo descubierto. Quiero que sepas de mí más de lo que yo misma sé. Que por una vez en mi vida alguien me explique por qué hago o digo..., alguien me dé un consejo acertado, me haga razonar, me brinde un poco de par..., alguien me saque del torbellino cotidiano, de la envidia de los inútiles, del orgullo de los ínfimos y del desagradecimiento de los mendicantes. Alguien que puede mirar de frente el rostro de los ángeles y que hasta los conoce por sus nombres. Alguien que guarde boletos capicúa, programas de cine, servilletas con el nombre de las confiterías, cajitas de fósforos, sobrecitos de azúcar de todos los lugares por donde viaja. Alguien que conoce el nombre de las estrellas y puede señalar las constelaciones. El hilo que lo conecta todo: cuerpo, mente y espíritu, con la fuerza del cosmos y la vitalidad de la naturaleza. Un hilo que me envuelve, que me hilvana al diamante y a la flor, a la espuma del mar, al granizo, al vuelo del cóndor, al aletear mágico del colibrí, a tu voz, a tu abrazo, a las esquirlas de tu amor cayéndome en el.
     
    Poldy Bird.
     
    October 02

    La huella - Poldy bird

      

     

     La huella.
     
    Por donde pases, deja una huella. Para eso, no es necesario que pises fuerte, que te hagas notar
    con autoritarismo, que trates de llamar la atención con bombos y platillos.
    No...No son tus voces de mando, ni tu aspereza, ni tu rigor lo que marcara el lugar
    que has ocupado en el trabajo o en tu casa.
    Sera...eso de ti que has dado con amor:
    la palabra al que necesitaba aliento, la sonrisa al que se acercaba a ti, el consejo al que te lo pedía;
    la generosidad para comprender los motivos que llevan a algunos a cometer errores, a herir, a golpear.
    Cuando no te agradece algo que has hecho por otro... piensa que no lo has hecho con sinceridad...
    pues siempre se agradece lo que es generoso, autentico.
    Conozco mucha gente que solo hace favores para que se los agradezcan,
    o para pregonarlos y que digan:
    "que bueno", "que maravilla".
    Esos no dejan huellas, ni corazones encendidos en lámpara votivas.
    Para dejar una huella, hay que quedarse un poco en lo que se hace:
    la tiza dibujando palabras en el pizarrón del grado, la esposa planchando la camisa
    del marido, la mano apretando con tibieza la manito del hijo...
    Para dejar una huella...chiquita como una corola de violeta,
    no importa su tamaño, sino el signo que indique que pasaste por allí.
     
    Poldy Bird.
     

    Una vieja historia - Beatriz Martinelli

     

     
     
     
    Una vieja historia.
     
    El parque desbordaba colores, los puestos eran visitados por extrañas personas con atuendos diferentes. Era un día especial para la venta.
    Sentada atrás de una mesa improvisada con juncos sobre dos caballetes, Laura esperaba pacientemente que alguien se acercara a su puesto. Miraba con un poco de recelo, pues no tenía permiso para estar ahí, pero decidió que igual se quedaría, más que sacarla de mal modo, por parte de los inspectores de la feria, no pasaría de ahí y como el lugar estaba lleno de gente no querrían hacerse odiar delante de tantos extranjeros.
    Ella no era la única en esa situación, estaba un artesano de alpaca con su manto negro desplegado sobre el césped y un artista que con un pequeño atril realizaba tintas y aguadas.
    La vida había cambiado. Ella solía visitar las ferias de otros países, y se colgaba hablando con los artesanos, siempre le gustó esa vida.
    Había pasado muchos años de esto, pero siempre tenía la sensación que era la vida de otra persona, que quien recorría las calles luminosas u oscuras de ciudades distantes como quien camina dentro de su habitación, con la misma importancia, era otra persona, no ella. No podía recordar cual era su cara de entonces ni como tenía su pelo, ni en que pasaba su tiempo.
    Sólo recuerda que fue un torbellino su vida, todo era distinto, para nada de eso estaba preparada y la sensación que tenía, era que se había perdido los últimos ensayos y cuando entraba la acción, no sabía de que se trataba ni que papel debía jugar. ¡Pero era tan inconsciente y él le daba tanta seguridad! Para él todos sus actos eran maravillosos, aunque le cambiase los planes, él tenía una adhesión por ella que la hacía sentirse importante, aún sabiendo que no lo era.
    No sabía por qué, hoy se sentía especialmente nostálgica, escuchaba una música lejana, percibía olores característicos de comidas muy condimentadas, y hasta sintió el roce de unas manos que la arrastraban de un lugar a otro.
    Se reían de todo, el Mundo parecía a su disposición. Los jóvenes en la Universidad se reunían constantemente, había plenarios, había sentadas, había protestas, querían cambiar la historia. Todas las paredes eran soportes perfectos para las proclamas, los afiches, las banderas. Se sentían parte de un nuevo mundo, " El Tercer Mundo".
    El arte ocupaba su lugar, ya no era para círculos cerrados, salíamos a la calle, a las plazas, íbamos a las villas, nos colgábamos en los trenes y le decíamos a la gente, a los cansados y aburridos laburantes " lo importante que eran ellos para producir ese cambio". Nos sentíamos los apóstoles, arrastrando a los seguidores de tan justa causa-
    Mirando a su alrededor quiso adivinar quienes habían vivido parte de esa misma historia. Quería ver en sus caras, rostros olvidados por el tiempo y por el miedo.
    La ciudad nos pareció no apta para nuestro trabajo, y nos largamos con una mochila y casi nada de ropa a las provincias del norte. Empezaríamos por el Litoral, pero no sabíamos a ciencia cierta cuál sería nuestro destino final. Dejaríamos la tibieza de la cama limpia por la de un cielo raso lleno de estrellas, dejaríamos la mesa servida con un plato de comida humeante por latas de conserva los primeros días y Dios sabe qué, después.
    - El grupo era muy heterogéneo, Jorge en cuarto año de arquitectura, Pablo en segundo año de agronomía, Mónica asistente social casi en su último año, suspendió la carrera por la aventura, " por el trabajo de campo "como decía ella. Ezequiel estudiante de psicología y maestro, yo estudiante de pintura y teatrera por vocación -
    Nuestro destino primero era la provincia de Corrientes y establecernos en un pequeño pueblo en la frontera con el Chaco. De allí iríamos a una población indígena- Llegamos como si fuésemos parte de las cruzadas, pensábamos que nuestro sacrificio sería recompensado con el cambio total del pensamiento y de las estructuras sociales del lugar- No tardamos en darnos cuenta que nuestro trabajo aunque muy encomiable se perdía entre los expedientes y las cartas de recomendación -
    Siguió mirando pero ninguno de esos rostros le decía nada a Laura. Preparó el mate, sacó unas galletas de miel, y se dispuso a comer su primer alimento del día. Empezó a recordar como conoció, casi graciosamente, a Esteban.
    - Consiguió un caballo prestado que la acercaba desde el rancho que habían habilitado como escuela, taller, consultorio e improvisado teatro, hasta esa casita pequeña a la salida del pueblo, prestada por una familia que se había marchado a Buenos Aires por un tiempo-
    Ella, que más que el caballo del carrusel no había montado otro, en su marcha era un continúo subir y bajar siempre a destiempo de la bestia. Se había hecho muy tarde y el animal quería volver a su casa, por lo tanto había decidido largarse en un galope que Laura no pudo dominar. En el recodo del camino, y viendo que venía un coche en su contra se asustó tanto, que se largó del zaino.
    Con tan mala suerte que su pierna sufrió una rotura bastante importante. Avergonzada y dolida no sabía si llorar, si gritar o desplegar ese vocabulario florido que la hacía parecer más un muchacho de la calle que una joven estudiante.
    Esteban se bajó muy preocupado del auto. Ella lo vio acercarse casi corriendo, con una expresión de susto que le resultó, a pesar del sufrimiento muy graciosa. Su aspecto era muy distinguido, era un hombre bastante maduro, superaba los 50 años, su cabello rubio entrecano, sus ojos claros, su tez tostada y curtida por el sol, de buena estatura y delgado.
    La observó con ojos de asombro, le ofreció su blanco pañuelo, que ella se encargó rápidamente en ensuciar, y en ese momento no soportó más el dolor y se puso a llorar como una niña. Él la consolaba, su acento era extranjero, sería alemán o belga, no lo sabía bien, preguntaba su nombre y donde vivía. Ella entre llanto y moco le pudo contar algo de su historia, él decidió tomar cartas en el asunto. Después le confesaría, que no la iba a llevar con esos inconscientes con los que estaba viviendo.
    Se procuró una madera, ató su pierna y la tomó en brazos llevándola hacia el auto. Así comenzó una nueva historia Laura, cambió una vida de ideas revolucionarias por una vida de constantes viajes, de gentes diferentes, de mundos distantes, y guardó en un bolsillito interior y pequeño esos grandes ideales del setenta.
    Laura y Esteban se establecieron en un pequeño departamento de Corrientes Capital, él le deparaba las más exquisitas atenciones. ¡Sabía atender a las mujeres! eso era evidente, se decía Laura, seguramente no estaría solo, estaría con pareja. Laura trató de no ilusionarse porque venía arrastrando una historia bastante dolorosa con su novio anterior, un loco revolucionario, que casi la mete en un lío muy grande con la policía, era un delirante que buscaba el peligro para gratificarse y no tenía reparo en embarcar a cualquiera que estuviera a su lado.
    Después de un mes Laura estaba restablecida, y la relación con Esteban se hacía cada vez más íntima. Hablaron de sus respectivas vidas, él estaba casado, su mujer vivía en Europa, tenían dos hijos grandes. Era representante de una firma Suiza, y viajaba constantemente. Su matrimonio no lo incomodaba ni le quitaba el sueño, era una de esas tantas parejas que en sociedad son esposos, sólo ante la gente.
    Para Laura eso era incomprensible, ella que bregaba por la libertad del amor, la libertad del sexo, por los grandes ideales del hombre, no entendía esa doble imagen que vendían muchas personas sobre todo de las clases altas.
    Él, acostumbrado a tener siempre de todo, desde que fue niño, menos saber lo que era la libertad de espíritu y la libertad de acción, veía en Laura lo que a él siempre le había faltado. Esa chica de 25 años le mostraba un mundo distinto, apasionante y no podía perdérselo, de una vez por todas haría algo bueno por él.
    Así fue que Laura y Esteban decidieron una vida juntos. El Mundo Rico y el Mundo Pobre fueron recorridos por estos dos locos enamorados. Laura arrastraba a Esteban a los Museos, se sentaban en el suelo frente a las pinturas de los grandes maestros. ¡ Esteban sentado en el suelo! ¡ Si alguien lo viera, no podrían creerlo!
    La violencia en la Argentina aumentaba cada día más y una nueva palabra se instauró en la sociedad "los refugiados políticos". Laura tenía miedo por los compañeros que luchaban en su patria. Esteban no podía entender lo que le pasaba a ella. Cada día estaba más triste y enajenada, buscaba nombres de los emigrados en las Cancillerías y en los Centros de Refugiados.
    Había dejado de ser esa chica que iluminaba cualquier lugar donde se encontraba. La relación con Esteban se resquebrajó. A él ya le fastidiaba tanta tristeza y paranoia. Él necesitaba a su lado esa chica sucia que levantó del camino, buscaba esa otra que lo hacía recorrer las calles de París como un adolescente, riendo y cantando. O aquella otra que en el Mercado del Cairo se ponía adornos y tules y regateaba precios como una experta comerciante.
    Laura le reprochaba su insensibilidad y Esteban terminó dejándola en Madrid, con la renta paga por un año de un departamento de la calle Cava de San Miguel y una cuenta de ahorro en el Banco.
    Sentada en la cama, con las piernas dobladas, enroscada en un túnica color violeta, un vaso de vino en la mano y varias botellas tiradas en el piso, lo vio cerrar la puerta. Él con lágrimas en los ojos, ella no quiso despedirse, entendió que no soportaría ese momento.
    No recuerda cuanto tiempo se quedó así, si pasó unos días o una horas. Cuando salió de ese estado de borrachera y aislamiento decidió que debía hacer algo por los que escaparon y por sus familias.
    Así se conectó con mucha gente que venía no sólo de Argentina, sino de Uruguay y de Chile. Su departamento fue hotel de todo aquel que llegaba. Los vecinos se empezaron a molestar por tanto desorden y tanta gente extraña. Ya no la respetaban como cuando vivía con él. Ahora era casi indeseable.
    Nadie sabía de Luis, ese novio loco que tuvo y estaba segura que estaría muerto. Había tanta gente desaparecida sin compromiso con ningún movimiento político, que no dudaba que a él, como se manejaba en la vida, le hubiese pasado lo peor.
    Así Laura vivió una vida desordenada, en medio de la lucha por la subsistencia, el trabajo solidario con los familiares de desaparecidos y cambiando de pareja cada seis meses. - ¡ Qué vida diferente! se decía, cuando agotada llegaba a su casa y a veces ni un lugar para dormir encontraba. Con Esteban ella era la protegida, ahora era la que daba protección. Encarar una relación sana viniendo de tanta enfermedad era muy difícil.
    - Ahora de vuelta en la Argentina, sin amigos, o con amigos que dejó de una manera y ahora encontraba de otra, se dio cuenta que ella era la única que no había cambiado, se había quedado enganchada en una historia vieja.
    Sus amigos tenían una profesión, un lugar en la sociedad como representantes de una clase media alta, eran responsables padres de familia y ella, sin familia, sin profesión y sola, viendo como el mundo siguió su curso y no la esperó.
    El agua del termo se acabó, la tarde se llenaba de cantos que venían de diferentes lugares de la plaza. Acomodó las alpargatas, los cinturones y las mochilas, sacó los potes de pintura y comenzó a pintar.
    Hola ¿ qué tal?, una voz la sobresaltó, levantó el rostro y lo vio. Estaba acompañado de una elegante señora alta y delgada. Su cabello un poco mas blanco, su cuerpo igual de esbelto, sus ojos llenos de una ternura inmensa.
    El mundo se desplomó sobre sus hombros y como hacía muchos años lloró como una niña, sólo que ahora, no le ofreció el pañuelo ni la alzó en sus brazos.
     
     
    Beatriz Martinelli.
     
     
    September 30

    Cuando florezcan las madreselvas - Amelia Arellano

     

     

     

    Cundo florezcan las madreselvas.
     
    La Juana mira la tierra yerma, conjugación de pajas, lagartijas y piedras. La Juana… ¿La Juana qué?... Solo la Juana.
    En este lugar las mujeres adquieren identidad y significación por el hombre: La hija de don Braulio, La Negra del Juan, La viuda de Jacinto. La mujer del Lucio. La madre del Tito. La señora de don Alberto.
    La mujer “es” en función del hombre.
    Las mujeres de estas serranías también le pertenecen a la tierra: La Juana de la loma, la Juana de la Quebrada del cóndor, la Juana del talar.
    Pareciera que en estos parajes las mujeres no piensan , no sienten, solo hacen: La Juana que hace tortas, la Juana que cuida cabras, la Juana que vende quesillos, la Juana — que como un hombre — cuchillo en mano peleó con un león.
    La Juana… La Juana de nadie, la Juana de los jarillales, la Juana pródiga como la tierra que cuando la fecunda florece en retoños.
    Especie de hembras sin macho. Su madre no tuvo hombre, su abuela tampoco. La palabra padre parece haber desaparecido de sus diccionarios.
    Todas las mujeres de la familia tuvieron “chancletas” menos ella que lo tuvo al Pedro.
    Crecieron desconfiadas hacia los hombres, el político, el bolichero, el patrón, ni en los curas confiaban.
    No eran religiosas pero eran mujeres de profunda fe, en la vida, en la naturaleza, en ellas mismas. Rezaban a su modo y tenían sus propias prácticas religiosas: “cortar el granizo” con un cuchillo, con una cruz de sal, exorcizar el “mal de ojo” o la envidia, matar una víbora en semana santa, hacer la señal de la cruz al mate, pedir la bendición, hablar con Dios antes de acostarse.
    Con respecto a la salud, tenían la misma concepción: todas las mujeres parían en la casa. Para los problemas de salud acudían a la generosidad de la naturaleza, mastuerzo, para la tos. Gárgaras de llantén para el dolor de garganta. Hierba del venado para los problemas renales. Carqueja y ajenjo para el hígado. Hierbas diversas para la digestión: peperina, poleo, menta, cedrón. Usillo para el corazón. Hierba de pollo para el empacho. Sen para la constipación. Palan-palán para las quemaduras y heridas diversas.
    El ajo tenía usos diversos, podía servir para la tensión arterial, para la indigestión, para “el estómago sucio” o para los parásitos.
    Curaban el empacho, ya sea con la cinta o tirando el cuerito y luego haciendo en la espalda una cruz con ceniza.
    También el buche de avestruz deshidratado se usaba en distintas prácticas medicinales.
    Iban pasando estos conocimientos de generación en generación y con la experiencia iban sistematizando nuevas conceptualizaciones: Leche de burra para la tos convulsa, baños de agua de romero para contrarrestar los males. Poner la escoba detrás de la puerta para que se vayan las visitas indeseables, predecir quién vendría a la casa, si se caía un cuchillo vendría un hombre. Si caía una cuchara una mujer.
    También predecían el tiempo por el cielo, las nubes. Los animales domésticos, los pájaros, de ese modo tomaban sus recaudos.
    También tenían sus propias prácticas de medicina veterinaria: Curar de la mancha, de la sarna, del embichamiento, del mal de las pezuñas.
     
    La Juana sorbe los mates en silencio.
    ¿Para qué hablar sola?
    En la noche estrellada, sentada al amparo de un algarrobo añoso, mira la cruz del sur, las siete cabrillas. Las tres marías… y piensa… y recuerda.
    ¿Recuerda o es su sangre india que surge a borbotones como un oasis y que en el desierto de su soledad, necesita un escape y este escape toma la forma de recuerdos? Viene a su memoria una presencia amada: su abuela. La abuela María, de inconfundibles raíces indias, su larga trenza renegrida que era una delicia ver como se extendía en dos negras cascadas sobre su espalda.
    Su cara, que semejaba la tierra recién arada, con huellas profundas, oscuras, perfumadas.
    Su regazo tibio en donde ella apoyaba su cabeza confiadamente…y su olor… Ah… su olor, a chilca, a romero a lana de oveja. La imagen de la abuela toma forma y presencia vívida. Le parece verla debajo de la ramada tendiendo los quesillos de cabra.
    Sus pasos ágiles y livianos denunciaban sus dotes de bailarina. De cuecas saltaditas, de zambas. Se recuerda a si misma sentadita en el umbral mirando los pies de su abuela que parecían pájaros.
    Tiene un difuso recuerdo de su madre muerta, ella tendrá cinco o seis años. Fue allí cuando vino una persona del gobierno aludiendo que era una anciana muy mayor para hacerse cargo de la niña.
    “Que la niña necesita un hogar… que no hay agua corriente… que no hay baño...”
    La respuesta presta, rotunda y contundente no se hizo esperar.
    “Agua hay y más limpia que la de ustedes - y, señalando los gatos que dormían en el fogón - Tampoco ellos tienen baño y son mas limpios que muchos cristianos.”
    El vuelo raudo de una estrella fugaz la trae a la realidad y el recuerdo se hace deseo y urgencia
    ¿Abuela, donde estás? ¡Te quiero ahora aquí, conmigo! ¿Desde esa estrella lo estarás mirando al Pedro? ¿Le habrán entregado los guantes tejidos con lana de oveja?
    Dicen que hace mucho frío allá. Que lo llevaron a defender la patria. El maestro del pueblo quiso tramitarle la excepción -hijo único de madre sola- pero el Pedro no quiso.
    Aun re suenan en sus oídos el rasgueo de la guitarra y la copla preferida del Pedro:
    “Primero la Patria
    Primero el honor.
    Después de la patria
    Guitarra y mujer”
    La Patria… La Juana tiene la imagen de la Patria que sale en los libros de lectura del Pedro, una señora, con vestido largo, con un gorro en la cabeza y descalza.
    “Se me ocurre que a esa señora no le sería fácil trepar lomas, entre pencas y pajas:”
    No entiende muy bien eso de que el Pedro está defendiendo la Patria, debe ser porque es muy burra. Ya lo decía su madrina:
    “Esas manos no sirven para escribir sino para hacer tortas”
    Cuanta razón tenía la madrina. No pudo pasar de 2º grado.
    Recién empezó a escribir cuando lo hizo el Pedro. Para las cuentas si que era buena, nadie la jodía, ni en el boliche, ni con el precio de los cabritos o huevos.
    Se decía a si misma “hormiga obrera” y ríe ante el recuerdo ya que el Pedro invariablemente le contestaba:
    “Si, por lo negra y chiquita”
    El término lo sacó de un diario que servía de envoltura de los jabones y que el Pedro recortó y lo pegó sobre un almanaque viejo que colgaba de la pared. El texto decía:
    “En un hormiguero bien organizado, las hormigas reinas son pocas
    Y las hormigas obreras muchísimas. Las reinas nacen con alas y
    pueden hacer el amor. Las obreras, que no vuelan ni aman,
    trabajan para las reinas... Los zánganos…“
     
    Y el texto se interrumpía por que faltaba un pedazo de papel.
    Ella una sola vez fue reina, pero había nacido para obrera. Pensó en voz alta:
    “Tampoco quiero zánganos en la casa.”
    “El Pedro si que me salió inteligente”
    Sus ojos se iluminan como carbones el si llegó a 7º grado y ¡hasta llevó la bandera!
    En lo más recóndito de su corazón sabe que salió a “él” ¿Cómo olvidar esos ojos negros con un fondo de cielo azul?
    Con orgullo que da poder, piensa que es la única poseedora del secreto: Ni el mismo sabe que es su padre.
    El Pedro nunca peguntó. Nunca la cuestionó.
    Se da cuenta que ha anochecido y no ha entregado los cabritos, ni levantado los huevos de las gallinas. Tenía que hacerlo si o si sino los zorros se apropiaban del producto.
    Camina con prisa hacia lugares que conoce solo ella: Entre los pajonales, detrás de las casas, debajo de un viejo carro que sirve de gallinero, en el hueco de un viejo horcón, en una caja de cartón, dentro del galpón.
    Coloca cuidadosamente los huevos en su delantal, convertido en improvisado cesto y se dirige al rancho. Guarda los huevos en un tarro y regresa al exterior.
    La luna alumbra tanto que proyecta sombras a su paso… como fantasmas. Fantasmas lunares que ella conoce y no teme. Sí, en cambio, otros que rondan por su cabeza. Mueve la cabeza como para deshacerse de los pensamientos molestos.
    Mira la luna y recuerda su infancia y en ella la luna con la virgen, el niño Jesús y el burrito.
    Entrega los cabritos a las madres, estos se reconocen y se buscan mutuamente, un coro de balidos quiebra el silencio de la noche.
    La soledad del monte pesa y sin el Pedro mucho más. Es mas hondo el silencio en las quebradas y la casa cruje por el viento sur.
    “Solita mi alma”
    Sola como los cerros, como el arroyo, o como esa lechuza que siempre está parada en el poste del alambrado.
    “Dicen que la lechuzas tren mala suerte”
    Ella no lo piensa así, esa lechuza ha pasado a ser parte de su vida, como el monte, el viento, los alambrados.
    La detiene el piar desesperado de un pichoncito que ha caído de su nido, lo levanta, lo acaricia y lo coloca en su nido de ramitas secas. Allí se da cuenta que no está sola, que no están solos. Ellos pertenecen al monte pero este también les pertenece.
    Además esta toda su gente, por ejemplo ahora que no está el Pedro, las compras en el pueblo se las hacen ellos
    La Juana baja solo dos veces al año al pueblo: en la festividad del santo Patrono, el tres de mayo y el “día de ánimas”, el dos de noviembre.
    Entra al cuarto que sirve de cocina, toma un tarro que hace las veces de balde y llena otro tarro que está en una hornalla de la cocina “económica” que tiene en la puerta de hierro una inscripción: BEUTIN. En la otra hornalla, una pava ennegrecida con agua hirviendo, cuya tapa tintinea.
    Corre una gallina rezagada, dormida en la rústica mesa de madera.
    Prepara el mate, saca un pedazo de pan de una caja de madera. Toma unos mates y come el pan. Esa es su cena.
    No ha prendido el mechero, el vislumbre del fuego ardiendo le permite moverse con comodidad en el cuarto. Cubre el fuego con ceniza y sale. No cierra la puerta de tablones cruzados ¿Qué podrían robarle a ella?
    Cruza un patio de tierra y se encamina a la “pieza” que le sirve de dormitorio y de comedor de recibo.
    Una idea le machaca la cabeza ¡No hay caso! No entiende porque el Pedro se fue tan lejos a defender la patria.
    Prende una vela, busca con dificultad un ajado diccionario que le regaló una maestra, por fin encuentra:
    “Patria: lugar, país, tierra donde se vive”
    ¿Qué tierra tiene que defender el Pedro si ellos nunca la tuvieron? Siempre ha vivido en esa casa, allí nació su madre, ella y después el Pedro. No hay papeles. Tierras fiscales dice el maestro de la escuelita. Deja el diccionario, mientras se dice moviendo la cabeza:
    “Bah, hay tantas cosa que no entiendo”
    Se desviste sin prisa, se deja abrazar por la manta tejida por su abuela y reza…Reza como ella sabe hacerlo…Pide por el Pedro. Le pide a la santísima virgen que interceda. Reza en silencio. Con su cuerpo, con su sangre, con su corazón. Todo un rezo la Juana.
    Afuera los rayos de luna intentan atravesar los espacios que dejan las tablas de la ventana. No sabe qué hora es cuando se duerme.
    Al día siguiente se levanta apenas clarea.
     
    Lo primero que hace es traer una vieja radio a pilas y colgarla de una rama del tala.
    Se asea en el patio en una vieja palangana de aluminio, el agua helada pone colores en su cara morena. Toma un peine que saca de una cola de caballo, disecada y muy brillante, un peine negro, peina rápidamente su cabello. Se hace una gruesa trenza y con la misma un rodete que sostiene con horquillas.
    Entra en la cocina, separa la ceniza, coloca unas ramitas secas y sopla hasta que la llamita se convierte en fogata. Pone el agua para el mate y en otra hornalla una ollita de “fierro “de tres patas en la que coloca trozos de grasa cortada.
    Abraza un manojo de leños con sus fuertes brazos y prende el fuego en el horno de barro que está en el patio.
    Vuelve y se sienta en un banquito que en realidad es un tronco cortado con tres raíces que hacen de patas. Coloca las brasas en un brasero que es un tarro al que se le ha anexado una parrillita cuadrada. Trae la pava ennegrecida, los implementos del mate y comienza su primera comida del día.
    Hay otra mesa en el patio, que en realidad es un tablón sostenido por cuatro horcones. La limpia con cuidado y la seca.
    Trae una bolsa con harina y dispone un poco de la misma sobre la mesa, en forma de corona .En el centro coloca la grasa derretida que “chirria” ante el contacto con la salmuera tibia y un trocito de levadura.
    La Juana se transforma cuando amasa. Mete sus manos en la harina suave, acaricia la masa hasta que está caliente, dispone de trozos alargados que corta con las manos y en la parte superior le hace dos cruces con un cuchillo mango de madera.
    Prueba el horno introduciendo un papel adentro y cuando considera que la temperatura es apta, toma una pala de madera con un largo mango y va disponiendo los panes en el horno. Finalmente tapa la boca con una lata y coloca una piedra grande que la sostiene.
    Al Pedro le encanta el olor y el sabor del pan casero. Le parece verlo: con el pan caliente, lo huele y con respeto, como una ceremonia sacra, corta un pedazo con la mano -la abuela decía que no había que cortar el pan con cuchillo- y se lo lleva lentamente a la boca.
    No sabe por qué hace pan hoy, cuando el Pedro no está hace torta al rescoldo.
    Mientras el pan se dora en el horno y el aire se perfuma con olor a jarilla, se entretiene en sacar las hojas secas de la madreselva caprichosa que pese a sus cuidados no quiere florecer. Desde que murió la abuela no ha florecido y eso que la cuida especialmente y le ha ofrecido las flores a la estampa de la virgen dolorosa.
    El balido de las cabras desde el corral la conecta con sus tareas pendientes, piensa que hasta sus cabritas ha abandonado por estar cerca de la radio. Le parece que así está más cerca del Pedro aunque no entienda muy bien el contenido de lo que dicen.
    Está confundida la Juana. Confundida, fundida con el silencio…fundida con las voces de la radio. Para colmo el Lucho que pasa tras de una yegua arisca la confunde mas, se dice en voz alta: ¡Que van a pelear con un príncipe…! ¡Jesús! ¡Un príncipe! ...Y viene en avión”
    Si el Pedro lo único que sabe manejar es su cuchillito del monte, lazos y boleadoras.
    Que llegan aviones... mira el cielo y ve revoloteando caranchos…Tengo que ocuparme de los cabritos, piensa, y se dirige al corral.
    Adivina algo en la mirada de Hilario que viene desde el otro lado de la sierra.
    “¿Será idea de ella o el Hilario da vueltas para bajar del caballo?”
    Se baja, y con aire resuelto se dirige hacia ella, antes de que termine de hablar, siente que su sangre se ha enfriado, que sus pies han echado raíces profundas que le impiden moverse: soldados… muertos.…mentiras.
    “…Mas mentiras..”
    La Juana no llora. Aprendió que en el monte no sirve llorar.
    “Debe haber una osamenta”
    Y señala los caranchos que revolotean en círculo.
    Hilario se dirige a ese lugar y la Juana al rancho. Toma la mano del mortero y pisa con fuerza el maíz para la mazamorra.
    “Hay que hachar, sembrar, sacar el pan”
    En el huerto rasguña la tierra con sus manos y con grandes puñados tapa la tierra donde ha colocado la semilla.
    Y trabaja, trabaja y trabaja.
    No para, ni para comer. El anochecer, preludio de un acongojado anuncio de otro día la encuentra al lado del corral, mirando sin ver, escuchando el repiqueteo de la lluvia sin oír. El olor a peperina es tan intenso que impregna su cuerpo, pero la Juana no huele, no aspira, no respira.
    Sus alpargatas deshilachadas se manchan con la sangre que mana de la herida de una espina de alpataco clavada en un pie que ella no ha advertido.
    Los truenos hacen retumbar los cerros. Los relámpagos delinean nítidamente las formas de la tarde.
    Parada al lado del palenque la Juana parece la imagen de la desolación. La lluvia tan esperada, resbala sobre su cara, sabe a sal y a vinagre. Empapa su cuerpo delgado, delinea sus formas, se adhieren a sus pechos pequeños que parecen brevas marchitas.
    Pasa el chaparrón y el sol marca una línea curva en el horizonte con los colores del arco iris. El cielo despide un resplandor rojizo
    “Mañana será un lindo día”
    Quién sabe que fuerza traslada su cuerpo, su materia, al rancho.
    No enciende la radio, la baja del tala y la coloca sobre la mesa de la cocina.
    Prende el farol lo cuelga de un gancho en la pared de barro y guarda el pan en un gran cajón de madera.
    Alimenta los perros, los gatos e intenta entibiarse por dentro con el mate.
    Con el farol en la mano, arrastrando los pies que pesan como plomo se dirige a la “pieza”. No apaga el farol.
    En el lecho sin desvestirse ni deshacer la cama, mira el techo de jarilla, sin pestañear, no sabe a que hora desciende, piadoso, el sueño.
    El canto del gallo la despierta. Saliendo del rancho en la ramada se detiene petrificada:
    ”¡Ha florecido la madreselva!”
    Siente que una esperanza grandota le inunda el pecho.
    Cuando aparece en medio del guadal la chata del Turco no sabe qué le pasa a sus ojos. Ve todo nublado. Desdibujan la figura del Pedro levantada en saludo.
    Sus pies como trasformados en pájaros vuelan al encuentro. Toda la Juana florece. Su blusa, como por arte de magia se infla y sus pequeños pechos semejan dos higos maduros.
    Como fulminada por un rayo llora, ha comprendido que llorar sirve para que florezcan las madreselvas.
     
    Amelia Arellano.
     

    Un llanto azul - Poly Bird

     

     

    Un llanto azul.
     
    Me he cepillado el pelo hasta dejarlo brillante, me he puesto mi vestido verde, el que te gusta, y he cruzado la plaza para llenarme los ojos con esa luz que se cuela entre las copas de los árboles y deja dos escarabajos de oro en mis pupilas. Porque voy a verte. 
      Porque voy a verte aún sabiendo que es para decirte adiós, para que me digas adiós, para que me aprietes las manos entre las tuyas y me hables del amor que ha crecido entre nosotros, pero no es una enredadera que da campanillas violáceas sino una hiedra oscura, que nunca sabrá de flores. 
      Sé todo lo que va a ocurrir. 
      Rodará un llanto azul por mi mejilla. 
      La nombrarás para sentirte menos culpable. Hablarás de ella, de sus años de fervor y entrega, de las tranquilas paredes de tu casa, sacudidas  por las pequeñas manchas que les  hicieron las manos de tus hijos. hablarás también de ellos: dirás sus nombres con voz trémula, y yo me enterneceré y los acunaré en mi mente, como si me pertenecieran. 
      Es tu " yo pecador" hablarme de eso, después de haber soltado amarras, después de  haber viajado  conmigo entre tus brazos por un mar de ángeles sentenciosos y risas asfixiadas por tus besos y vientos de fuego quemándose en la sencilla y honda ceremonia de la pasión y el estremecimiento. Cuando me confesaste que no eras libre, ya estaba enamorada de ti, ya me querías. 
      Sentí que el universo se vaciaba y me tragaba en sucesivos terremotos; que me hundía buscando donde apoyar los pies. 
      Pero te quiero, dijiste. 
      Y la tierra volvió bajo mis pies, se cerraron las grietas, se soldaron los abismos, todas las cosas volvieron a su lugar. 
      Tan sólo una pátina gris sobre mi vida, sobre mi cuerpo, oscureciéndose, aplastando mis movimientos hasta volverlos lentos gestos de autómata. 
      Pero te quiero.. 
      Me colgué de esas  tres palabras para no morir. Entonces empezó la ansiedad de nuestros encuentros. Empezaste a nombrarla cada vez, a amarla para mí, para que supiera sus colores, sus actos, su forma de pensar. 
      Tan distinta a mí. Tan distante de ti y, sin embargo, teniéndote. Porque tu no sabías, que era ella y no yo quien te tenía. 
      Y yo lo fui sabiendo, sin querer, sin proponerme saber, lo fui sabiendo día a día y fui ocultándotelo con miedo de que lo advirtieras. 
      Mientras no lo supieras me albergarías en un rincón de tu ser y de tu mente, y segurías pensando que yo era tu motor, que yo era la corriente de luz que te impulsaba, tu oasis, tu huerto y engalanado de frutos para el hambre y arroyos para la sed. 
      Egoísta, aferrada, empecinada, recortándote con el filoso cuchillo de la posesión, recortándote de tu estampa familiar en la que ellos te rodeaban, para alargar mi agonía. 
      ¿ En qué momento descubre el árbol que su verdad es la raíz y no el libre ramaje que lo acerca al cielo y lo agita en el aire?... 
      ¿ En qué  momento ibas a darte cuenta de esto?. Unas semanas más y sucedió. 
      Era lo inevitable, lo esperado con miedo, lo presentido, eran los fantasmas corporizándose. 
      Me llamaste con una voz triste, pero segura y firme: 
      Tengo que hablar contigo, por última vez.... 
      Bueno.... 
      Mañana, me dijiste; a las tres de la tarde... 
      Y hoy es mañana. 
      Rodará un llanto azul por mi  mejilla en el momento del adiós. Rodará un llanto azul por tu mejilla en el momento de la verdad. 
      ¿ Porqué entonces este afán de gustarte, este cruzar la plaza para llenarme de luz dando la hora del encuentro, si sé que va a ser el último y nunca más, nunca, nunca más volveré a verte, volveré a estrecharme contra ti?. 
      Voy a morir un poco y me acicalo. 
      Voy al entierro de mi luz y me ilumino. 
      Voy al martirio y sonrío. 
      Endulzo el café, lo siento amargo. 
      Tiemblo, te quiero. 
      Voy a evitarte una tortura. 
      Voy a hacer algo por el amor que me recorre, que me aprieta frente al límite del olvido. 
      Llamo al camarero, pago mi café. 
      Huyo. Huyo de este lugar y del encuentro. 
      Me esperarás en vano. No verás mis ojos mojados. No tendrás que decirme tu discurso de despedida. 
      No responderé tus llamados, si me llamas. 
      Ya ves te facilito tu tarea, evito que te conviertas en mi verdugo. 
      No es un acto de arrojo solamente; es una forma de inventarme la manera de creer que hubiera rodado un llanto azul por tu mejilla en el momento de la despedida. Un llanto azul por mí. 
      Un llanto azul. 
      Porque si voy y estás sereno y duro, si voy y tus ojos permanecen secos, será la muerte verdadera, así...puedo llenar de azul este recuerdo.. 
      De un llanto azul, un llanto azul por mí..
     
    Poldy Bird.
     
     
     

    Aquella luz - Poldy Bird

      

     

     

    Aquella luz.

    Entonces se puso su cabeza en mi regazo, arrodillado ante mí, y yo miré su pelo oscuro y suave, un poco más largo que de costumbre, como siempre que va a hacérselo cortar. Sus largos brazos me estrecharon y todo lo que parecía estar sembrado de espinas desapareció. Acaricié su cabello. El aire era de raso; el color ambarino de la luz transformaba la piel en satín. No había un espejo allí, pero yo registré ese momento como una fotografía color sepia en la que un hombre y una mujer, cansados de ser arrastrados hacia los remolinos del río por la corriente rápida de la ira, los celos, las equivocaciones, los rudos golpes de haber vivido... cortan el elástico de la tensión y, al instante, se sientes libres como dos barquitos navegando armoniosamente. Una fotografía desfallecida, neblinosa y bella. Ese gesto entregado me quebró. Se me escurrieron las palabras, ¿Qué podía decirle? ¿Qué podría reprochar? ¿Qué podía pedir que no estuviera recibiendo ya?. Todos los discursos del universo eran menos elocuentes que el calor de sus brazos aferrándome, o más bien, aferrándose de mí...Acaricié su cabello, sus mejillas hundidas, sus ojeras oscuras. Suavemente.

    Él subió su cabeza de mi regazo a mi pecho, y su expresión de dolor se fue mudando a paz. Dijo: "Te quiero, perdóname." Lo dijo muchas veces , muchas veces... Frotó su rostro en mis manos y su llanto las humedeció. Todo quedó lavado con esas lágrimas. Purificado. Claro. Borrados los precipicios. Borradas las esperas con dolor en las tripas. Borrada la incertidumbre. Borrada la rabia. Borrados los detalles, las piedras pesadísimas que hubieran hundido la embarcación. No es que no doliera, sino que su amor fue la anestesia que acallo el dolor. Cómo puede un gesto sencillo y verdadero obrar su milagrosa curación. Cómo una voz que nace de la fuente encantada del amor es capaz de sanar los tules rasgados de la ilusión, las cortaduras del alma... Los actos simples hacen simple al hombre. ¡Y qué difícil es ser un hombre simple! Él puso su cabeza sobre mi regazo, arrodillado ante mí. Entregado. Sincero. Avergonzado. Cansado. Vengo del infierno, musitó. Y yo supe que era cierto. Que solamente el infierno puede borrar el brillo de la mirada y dejar un pozo en cada ojo... ¡Cómo pudo ser que no me haya dado cuenta! ¿Y, qué esperabas, qué creíste, qué buscabas?

    No sé... las cosas estaban tan difíciles con vos... me pareció que no me querías más, que yo ya no te importaba. Me volví loco. Tenía que llamarte la atención... pensé que podía manejar la situación y caí en mi propia trampa. ¿Te sirvió? ¡Me horrorizó! No quiero recordar los detalles de esa historia; podría parecer un alarde de imaginación tortuosa, enfermiza. Me basta con saber que nada pudo destruir lo esencial. Que lo sagrado siempre quedó conmigo, y tuvo que regresar para recuperarlo... Acaricié su cabello suave. Besé sus párpados. Sus mejillas mojadas. Nunca estuvimos tan cerca como en ese momento. Nunca nos miramos tan hondo durante tanto tiempo. Tan hondo, tanto, tanto, que vi cuando sus ojos recuperaron aquella luz perdida. Venía del fondo, creciendo como un incendio: llama tibia, fogata, hoguera, sol. Amaneció su vida.

    Amaneció mi vida. Y no es que no doliera, ni que no hubiese existido la noche antes de ese amanecer... sino es que el amor... ay, el amor...

    Poldy Bird - Argentina 

     

    Que el amor sea suficiente - Poldy Bird

      

     

    Que el amor sea suficiente.
     
    El ángel está como suspendido en un estante alto de la biblioteca, con su gesto preparado para volar. Ese ángel de madera de guindo hecho por tus manos un tono más pálidas que su color de oro ruboroso. Qué extraño lo nuestro...
     Cada vez que hablábamos parecía que algo profundo nos acercaba, algo con magia y tripas, unos lazos de esos que no se desatan nunca más. Pero no.
     No había lazos. Ni bien nos separábamos, se soltaban los hilos intangibles que nos unían. Servían para unos breves momentos, los del encuentro. La más corta distancia los hacía desaparecer. Y otra vez la espera, otra vez volver a ser dos desconocidos, y la espera, la campanilla del teléfono que no suena, pulsar la tecla del contestador al llegar de la calle... y nunca tu voz con un mensaje..., y la espera, la espera, la espera... hasta reunir fuerzas y llamarte. ¿Qué tal, "extraño", cómo estás? No me pases facturas. Tuve unos líos bárbaros, vos sabes cómo anda todo... ¿Las cosas has cambiado tanto? ¿Ya no es lo más importante el amor, la relación humana, el compartir con otro penas, sueños, problemas, alegrías? Escuchar una vieja canción, leer en voz alta aquel poema de la Vilariñó o la Orozco, usar los ojos como telescopios para encontrar la Cruz del Sur en las noches de agosto... Una vez le abrí la pajarera a Magaldi (así se llamaba el jilguero) y el pequeño pájaro voló. No tuvo miedo. No se detuvo. No miró hacia atrás. ¡Y nosotros, tan fuertes, tan pensantes, tan declamadores de frases maravillosas... no nos atrevemos a traspasar la puerta que está siempre abierta, que nadie cierra...! Vos ahí.
     Yo aquí. No quiero hacer reproches. No quiero oírlos, tampoco. Me parece que tendríamos que hacer las cosas de otro modo. Dejar que el amor sea lo que debe ser: la savia del árbol, las alas del alma, el color del agua, las estrellas en el fondo de los ojos, la locura en el pensamiento, el calor de la piel... Dejar que el amor sea suficiente.
     Que lo demás estorbe, sobre no importe. Con tus manos hiciste un ángel para que me cuidara. Ahí está. Cerca de mí. Ahuyentando oscuridades y demonios con su aura rosada. Al tallarlo y pulirlo pensando en mí, invadiste mi territorio, te metiste en mi mundo reservado y secreto... ¿Cómo vas a salir de aquí? No podrás. Cuando alguien llega donde vos llegaste, ahí se queda para siempre. Te parecerá que podes salir, fantasearás con ello, pero no... una red invisible te ha atrapado, lo quieras o no. Estás en mi realidad virtual, en este espacio de zorzales que cantan al amanecer, cassettes que escucho cuatrocientas veces sin parar, libros que releo, papeles que escribo y no dejo que nadie lea, una alta palmera que veo desde la ventana... Estás. Vestido como yo quiero. Diciendo lo que quiero que digas. Pensando lo que quiero que pienses. Sintiendo lo que quiero que sientas. Porque mi mente está muy entrenada y es capaz de fabricar imágenes y situaciones que son las de la vida, o parecidas a la vida.
     Quizás sea esos lo que a muchos nos mantenga vivos: soñar que vivimos...
     Mientras la vida cree que anda por ahí... Mientras vos creas que andás por ahí. Y no se den cuanta, ni vos ni la vida, que si yo no los invento en mí ¡ustedes no existen! Deja que el amor sea suficiente. Y que no necesites nada más, porque el amor te alcanza.
     
    Poldy Bird.

     

    August 27

    El silencio de las sirenas - kafka.

      

     

    El silencio de las sirenas.
     
    Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:
    Para guardarse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bién quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con inocente alegría.
    Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.
    En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción.
    Ulises, (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él se hallaba a salvo. Fugazmente, vió primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo mas acerca de ellas.
    Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.
    Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.
    La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.
     
    Kafka.
     

    Amor y Pubertad - Marcelo Ferrer

     

     

    Amor y Pubertad.
     
    Más allá de la ventana... el trigal. El viento mece las espigas y olas amarillas van y vienen con sincronizado desdén. Las pajosas cabezas de los espantapájaros, como puntos de i, asoman imperturbables su eterno silencio. Un metal imita mi queja preso del molino que debe su vitalidad al viento. Alguien lo puso ahí hace mucho tiempo al quitarlo de un yelmo. La ventana da a un huerto entorno a un sauce; allí, en desveladas noches de reposados aires, iba mamá a  abanicarse. Tras el banco bajo el sauce, el portal que da a la calle: hay voces tras la cerca rememorando romance. Vereda abajo, los matorrales.
    De un espantapájaros era amigo; y junto a él, pasaba mis horas de niño... abstraído. Él me conversaba con sus brazos extendidos dándome consuelo hasta haberme dormido. El empajado, la tarde de ese domingo, rumbeaba junto a mí por la hondonada de los olivos.   
    Domingo verde de olivos y mar, ¡ojeada fugaz! que en un remanso del alma hubo de anidar, cuando a sus ojos de jade me dispuse a mirar. Y cobró vida la huella tras el portal; y calle abajo... cobró vida también el matorral.  Y de jade fueron los paisajes de mi ventana hacia el trigal; y la cerca, a la calle, umbral del cielo al verla llegar. Y ahora era un pez en su colosal mar, o de pronto, con ella, tumbando jaramagos del matorral. Como el molino que ama al viento aunque le esmerile el cuerpo, amé a la profana del paso procaz, que se llevó mi puericia... para siempre... jamás.
      
    Niñez frugal que partió de sus labios con el rumbo incierto del amor fugaz; aunque anillado de escamas como pez de mar, sigo preso en su mirada... que a veces vuelve, otras, se va.
       
    Anochecí semanas esperándola... regresar... como pez asfixiado en diminuto mar. El jade de sus ojos, su paso procaz; el paisaje de niño del ventanal, la pubertad; como ella, no volvieron jamás.  
     
    MARCELO FERRER
     

    Llega el tiempo de cerezas.

      

     

    Llega el tiempo de cerezas.
     
    Llega el tiempo de cerezas rojas crujientes
        para encender la lengua sentir el jugo acariciando la garganta.
        El tiempo esperanzado
     del viento que discurre, suave, entre los árboles.
        El tiempo de las mujeres que anhelan caricias y se acercan desnudas buscando el abrazo
    que les dé el calor de una voz el viajar de la sangre el rumor de la hierba creciendo 
    en lo invisible el misterio del beso boca sexo manzana.
        Llega el tiempo de radiantes desafíos.
     
    Autor desconocido por mí.
     
     
    May 24

    Qusiera saber...

     

     

     
    Quisiera saber...
     
    Quisiera saber que escondes
    dentro de tu corazón tan enorme
    pues tus palabras que leo cada noche
    refleja a una mujer impresionante

    Quisiera saber que es lo que haces
    cuando no estás aquí delante
    si tu vida es de alguien
    o simplemente de nadie

    Quisiera saber como puedes ser tan elegante
    y a la vez tan agradable
    si solo veo palabras y frases
    es como si te conociera de antes

    Como si de otra vida se tratase
    Tú y yo nos parecemos bastante
    en una vida u en otra
    ¿quien sabe si estuvimos juntos antes?
     
    Autor desconocido por mí.

     
       

    El amor...

      

     

    El amor...
     
    El amor, ¿a qué huele? Parece, cuando se ama,
    que el mundo entero tiene rumor de primavera.
    Las hojas secas tornan y las ramas con nieve,
    y él sigue ardiente y joven, oliendo a la rosa eterna.

    Por todas partes abre guirnaldas invisibles,
    todos sus fondos son líricos -risa o pena-,
    la mujer a su beso cobra un sentido mágico
    que, como en los senderos, sin cesar se renueva...

    Vienen al alma música de ideales conciertos,
    palabras de una brisa liviana entre arboledas;
    se suspira y se llora, y el suspiro y el llanto
    dejan como un romántico frescor de madreselvas...
     
    Autor desconocido por mí.
     
     
       

    Si te dijeron

     
     
     
    Si te dijeron.
     
    Si te dijeron
    Que desde el mismo día en que te fuiste
    Ella entro a mi vida
    No te mintieron,
    Llego a la casa justo en el momento de tu despedida,
    No la esperaba...
    Sin preguntar abrió la puerta
    Y entro a mi alma,
    Se aprovecho de mi tristeza,
    De mi nostalgia y hoy me acompaña...

    Si te dijeron
    Que esta conmigo a todas horas,
    A cada instante
    No te mintieron
    Pues como sombra me persigue
    No me deja a solas.

    Te conocía,
    Sabia todo,
    Fuiste tu quien le contó
    Y al verme solo
    No dudo en aprovecharse,
    Vino a buscarme.

    Y se sienta a la mesa
    Y me acompaña en el café
    Y contempla en silencio tu retrato en la pared,
    Luego pregunta por ti,
    Que si te deje de pensar,
    Y me sigue,
    Me lleva hasta el cuarto
    Y me dice que te tengo que olvidar.

    Y se mete en la cama
    Y siento su respiración
    Que recorre mi cuerpo,
    Siento que me hace el amor,
    Luego la veo sonreír,
    Creo que se burla de mi
    Y se acerca y me dice al oído
    Que me olvide de tí...

    Y hoy que te encuentro
    Y me confiesas que me quieres,
    Que aun me extrañas...
    Y me preguntas quien es esa que hoy me acompaña
    TU LA CONOCES...
    Ella es: La Soledad.
     
    Autor desconocido por mí.
     
     

    Encuentro casual - Libia B.Carciofetti

     
     

    Encuentro casual.

     

    Tal vez tu no me viste caminando entre la gente

    pero yo si te vi sin advertirlo, indiferente.

    Pasaste a mi lado, cosa que no es tan frecuente

    y sentí como un fuego que me devoraba lentamente.

     

     Es otoño  tu y yo, ciudadanos de cuerpo presente

    el destino nos enfrentó, en medio de tanta gente.

    Aunque el cielo estaba gris, se hizo luz de repente

    pues estabas ahí, esperando desde siempre …

     

     Todos iban y venían, sin ninguna calma aparente

    pero tu mirada en mi fijaste, sin dejar de sorprenderme.

    Me quedé petrificada, y ya dejé de ser fuerte

    este encuentro inesperado me quebró amor ¡al verte!

     

    Todos iban y venían, pero solo tu estabas en mi mente

     

    Libia Beatriz Carciofetti.

     

    Diferentes

     
     
    Diferentes.
     
    En la nocturnidad de mi silencio sollozante
    el contrapunto de mis emociones confunde tu tibia aceptación
    me embargo en contradicciones desgarradoras
    es tan patético el estado en que me dejan
    estos fantasmas engreídos
    tumban cualquier certidumbre
    rehuyó la agonía
    diferentes somos
    variados caracteres
    polos de personalidad
    problemático en grado sumo
    difícil en do mayor
    Notas discordantes
    el blanco idóneo de las críticas
    Agua/Aceite
    Blanco/Negro
    Insorportable discrepancia
    Contrastre evidente
    Piadosa/libre de religión
    perorata social/arenga católica
    que licencia poética me tomo
    como rompo la sintaxis del verso
    la licencia de amar sin atenuantes
    el desesperado grito pasional
    del poeta a su amada.
     
    Autor desconocido por mí.
     
    April 11

    Un cuento de Pascuas

     
     
     
     
    Que estas Pascuas te encuentre en familia,
    rodeado de tus seres queridos y
    que Dios los tenga siempre en la palma de su mano.
     
    FELICES PASCUAS !!!
     
     
    Un cuento de Pascuas

    Miércoles, último previo a Pascuas.
    Mis pasos me trajeron hasta el shopping... - "Dónde más?" - para dejar pasear mi vista por escaparates luminosos y atrapantes.  Repleto bote a bote.
    Familias enteras recorriendo negocios... preguntando precios, comparando... más allá, un niño llorando y en la librería, dos hermanitos saltando sobre la verde alfombra del local, hoy vacío, mientras la madre pierde la mirada en una pilchería contigua  y los vendedores, se preguntan con quiénes estarán esos chicos.... mmmm.... historia repetida... siempre son ajenos los malcriados hijos... me río sin darme cuenta y sigo.  Linda ropa... a ver... cara... mejor no tentarme, aún falta para cobrar y unos días pueden convertirse en siglos sin efectivo...
    La música del salón de ventas me invita a tararearla... extraña costumbre que, en una Buenos Aires triste y convulsionada, no he perdido y no deja de asombrar a quienes me cruzan, pero es más fuerte que yo...  Un reloj de arena atrapa mi mirada y no entiendo, ni quiero entender, lo que me dice un caballero al pasar...  mis pasos, en forma automática, se dirigen hacia la escalera mecánica...  "Debí venir antes... hoy es un gentío..." - tarde para pensarlo...  Debo sortear personas que caminan sin verme...
    Siempre me digo que, cada vez, debo ser más pequeña a ojos de los demás, quienes me empujan con cuerpos o bolsos calculando mal el espacio entre ellos y yo... pero no es así, por supuesto.
    Es como que la gente va por la vida, tan ocupada en sus cosas, que el resto estamos... y no estamos para ellos.. qué descuidados nos hemos vuelto, cuán desaprensivos!
    Una "dama" deja volar su temperamento ante una pequeña empleada de caja... los ojos vigilantes de un superior esperan una reacción que proteja al cliente... ese que tiene siempre la razón... aún cuando no la tiene... lo que para la cajera, sucede la mayoría de las veces.  Ingreso al mercadodesde todos los rincones asoman los colores de las pequeñas góndolas, gracias al papel metalizado brillante que envuelve el chocolate...
    Me distraigo en los envoltorios y... los precios...
    Tomo uno... dos... tres... - "Cuánto se redujo la familia!" -  pienso olvidando mi promesa de no pensar en eso...
    En esta época estaría eligiendo cuál le gustaría al "viejo"... pero ya no está... un huevo menos...
    De pronto me llama... allí desde lo alto...  abandonado por sus hermanos ya elegidos por otros compradores... hermoso... grande.. casi es como el adorno que no está a la venta, por lo solitario y su forma de presidir todo el conjunto.... - "Ese sería para él!" -
    Mis pasos me alejan de allí y me detengo en medio de un pasillo... - "Está hermoso!  Y si lo llevo?  A alguien se lo obsequiaré!  Pero... a quién?
    No importa... lo llevaré igual!" - y parecía brillar aún más su envoltorio, mientras mis brazos se estiraban para alcanzarlo...
    Una vuelta más... algo para la cena... para el fin de semana... no mucho... la mayoría de las cosas ya han sido compradas el fin de semana pasado...
    Larga la cola en la caja... paciencia... y, como siempre, el repaso de las  góndolas cercanas o la lectura de un libro en oferta... para "achicar" la espera...
    El changuito me acompaña hasta el estacionamiento.  Sólo Dios sabe dónde estará ese espacio libre en el que logré estacionar el auto.  Increíblemente lo encuentro... abro el baúl y me apresto para descargar las bolsas...
    Una vocecita muy dulce me pregunta - " Puedo ayudarla?".
    Giro y lo veo: delgadito, morocho, una amplia sonrisa, cabello apenas alisado con las manos y muchas ganas de conseguir otra moneda para el día... lo dejo ayudarme - "Total... no son tantas cosas, todas son livianas y debe sentirse útil antes que recibir dinero por pedir" -  ese 'segundo yo' que me acompaña reforzando o no, mis decisiones sobre la marcha...  para qué?... quién soy yo para juzgar cómo realmente esperan los demás que las cosas les sucedan??? Alma de docente hasta el fin...
    Terminada la faena, me extiende la mano y deposito en ella lo que considero adecuado... - "Está bien?" - pregunto dudando - "Siiii, gracias, señora!" y se aleja casi saltando en dirección a otro auto...
    "Espera un momentito!" - me sorprendo casi gritándole antes que se aleje.
    Frena en seco, me devuelve un signo de interrogación en la mirada  un -
    "Sí, doña?" - que se le escapa en la respuesta rápida...
    "Me gustaría que aceptaras también esto... si estás de acuerdo..."
    Los negros ojitos, asombrados, me devolvieron la alegría en el corazón... como el "viejo" cuando recibía su huevo cada Pascua, goloso, espectante con la dulce sorpresa... hasta en sus últimos días, siendo un chico en cada entrega...
    Y se fue más que contento con su regalo... al abrir la puerta del auto, un perfume nuevo emanó desde su interior y en ese instante... fu feliz...
     
    Autor desconocido por mí
     
     
     

    Cree esto

     
     
     
    CREE ESTO
     
    Tu presencia es un presente para el mundo.
    Eres un ser singular, único en su clase.
    Tu vida puede ser todo lo que quieras que sea.
    Vive los días de a uno por vez.
    Cuenta las bendiciones recibidas, no los problemas.
    Vas a superar cualquier cosa que aparezca en tu vida.
    Dentro de ti hay muchas respuestas.
    Comprende, ten coraje, sé fuerte.
    No te pongas límites.
    Son muchos los sueños que esperan ser concretados.
    Las decisiones son demasiado importantes como para dejarlas libradas al azar.
    Trata de alcanzar tu cumbre, tu meta, tu recompensa.
    Nada consume más energía que la preocupación.
    Cuanto más tiempo cargues con un problema, más pesado se vuelve.
    No te tomes las cosas demasiado en serio.
    Vive una vida plena de serenidad, no una vida de lamentaciones.
    Recuerda que un poco de amor recorre un largo camino.
    Recuerda que mucho amor dura para siempre.
    Recuerda que la amistad es una sabia inversión.
    Los tesoros más preciados de la vida son las personas, cuando están juntas.
    Toma conciencia de que nunca es demasiado tarde.
    Haz las cosas más vulgares en una forma extraordinaria.
    Conserva la salud, la esperanza y la felicidad.
    Tómate el tiempo para pedir un deseo a las estrellas.
     
    Y nunca olvides,
    ni siquiera un sólo día, lo especial que eres.
    Todo suma, así que sumemos aún más cosas que nos acordemos y podamos agregar en esta lista.
     
    Autor desconocido por mí.