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    November 01

    Para que el mundo no se quede a oscuras - Poldy Bird

      

     

    Para que el mundo no se quede a oscuras.
     
    Con mis manos, que a veces tienen las uñas comidas y otras veces no, trato de tocar tu corazón.
    Desde mis libros te he mostrado cosas de la vida.
    Cosas cotidianas, obvias.
    Las que nos identifican, nos hermanan, nos unen.
    Lágrimas, sonrisas, sueños, esperanzas, abatimiento, soledad, muertes, resurrecciones, temores, osadías.
    Me he quitado sin pudor los siete velos que cubren el alma, te mostré mis llagas y mis rosas, quebré la distancia que separa a los seres, me di entera en cada palabra, busqué tu protección, te di mi apoyo...
    Te he hablado de aquello que se calla por temor a parecer sentimental y cursi.
    ¿Por qué a las personas les da vergüenza hablar de sus más bellos y profundos sentimientos? pero ni siquiera se ruborizan cuando cuentan algo terrible y violento, algún hecho aberrante de esos que gritan a los cuatro vientos las primeras planas de los diarios y los noticieros de TV?
    ¿Cuánto hace, amiga, amigo, que no ves en televisión a un escritor leyendo un pedacito de su obra... o dando sus opiniones sobre lo que sucede en este mundo nuestro de cada día ... ?
    ¿Acaso saben más del hombre los políticos, los comerciantes, los observadores económicos?
    Anoche lloré oyendo a Pinti cantar su canción "Cuiden los artistas".
    Justamente a la tarde había estado hablando por teléfono con una promotora de una tarjeta de crédito a quien no conozco personalmente, y quién sabe por qué rara casualidad yo le había estado comentando estas cosas: que la gente no cuida a sus artistas, que los medios se ocupan muy poco de los creadores, que nos dejan archivados en un rincón y nos sacan a relucir solamente cuando "queda bien" mostrar que a tal o cual lugar asistió "gente de todas las disciplinas de la cultura".
    No, no es importante el que siembra luces... No es importante quien usa las palabras para reivindicarlas del horror y las miserias... No es importante el que detenta el poder de desentrañar los sentimientos más hermosos del ser humano... El otro poder es el que cuenta, porque hay quienes piensan que las personas son solamente un gran bolsillo o un enorme estómago.
    No hay tiempo para los artistas.
    No hay espacio para ellos.
    Y sin embargo, cuando todo estalla, cuando todo sangra, cuando todo duele... es la voz susurrante del artista la que sirve de bálsamo de vendaje, la que te hace descubrir que las pequeñas cosas son las que verdaderamente valen, las que pueden darte esa alegría que el gran suceso ignora.
    Es el artista el que mantiene encendida la llamita necesaria de la emoción. El que riega el rosal para que no se muera irremediablemente la rosa, el que señala hacia arriba para que levantes los ojos al cielo y descubras que todavía la Cruz del Sur sigue teniendo cuatro estrellas que guían a las naves extraviadas de noche en los mares...
    Es el artista el que mantiene con vida a tu ángel de la guarda.
    El que escribió las frases que usas como lema.
    Los versos que guardas en tu cuaderno de cuando eras adolescente.
    Las letras de las canciones que tarareas cuando algo triste o bello te sucede.
    Es el artista el que te hace reír, el que te conmueve, el que te acepta como sos, el que abre las puertas del alma que dan a tu interior y te invita a recorrer los caminos que te llevan a lo más profundo de tu ser.
    El artista es quien te convence de que la vida vale la pena ser vivida, el amor es lo más grande, lo más valioso y necesario, que vales no por lo que tenés sino por lo que das, y que siempre, en todos, hay algo que los demás necesitan, algo que puede salvarte y salvar a otros.
    Sin temor a equivocarte, pensá que los artistas te pertenecen. Que trabajan para vos.
    Que cada artista hace lo que hace para darte algo: está el que representa un papel para construir un sueño. El que diseña un vestido para que vayas a una fiesta aunque sea con la imaginación. El que compone una canción para que represente algún pasaje de tu existencia. El que pinta un cuadro para que puedas ver y descubrir aquello que no conocías: llámese mar, rostros ajenos que nunca son del todo ajenos, formas y colores que no tenían forma ni color en tu mente.
    El que canta dándote su voz para que la sientas tu voz.
    El que escribe todo aquello que tantas veces hubieras querido plasmar en palabras si hubieras sabido escribir.
    El artista tiene una estrellita en la frente y leva en su mano una tea encendida para que al mundo no quede a oscuras.
    ¿Y sabes de qué se nutre?
    ¿Sabés lo que le da fuerzas para continuar?
    Vos.
    Tu afecto.
    Tu cercanía.
    Solamente eso.
    No tiene otros premios, otros alicientes.
    Es tu aplauso, tu mano estrechando su mano, el paso que das hacia él el que lo impulsa.
    "Cuiden los artistas", cantaba Enrique Pinti anoche en una celebración. Porque todo pasa... pero quedan los artistas.
    No importa que los diarios y las radios y los canales de TV se acuerden de ellos solamente cuando son piedra de escándalo... Vos, ella, él, todos ustedes son los que tienen que hacerlos sentir queridos.
    Porque el artista hace lo que hace por amor. Por verdadero AMOR. Y lo hace porque te quiere... y PARA QUE LO QUIERAS.
    ¿Contesta tu pregunta decirte que escribo para que me quieras?
    Es así.
    Dios me ha premiado más que a otros artistas.
    Porque estás ahí. Porque a veces me escribís. Porque me mandaste un rosario hecho con rositas de organza, un osito celeste de peluche que aprieto fuerte antes de dormirme para que me llene de "buenas ondas", tarjetas musicales, señaladores con dibujitos, huevos de Pascua..., en realidad: mimos. Cariño que me cuida cuando estoy más triste y más sola que nunca.
    No te enojes si no contesto enseguida tu carta, tu envío, porque mi forma de responderte... es escribiendo las páginas de mis libros donde también estás vos, estamos vos y yo riendo y llorando juntos, como lo hacemos desde hace tantos años.
    Si no fuera por vos, qué pobrecita cosa sería mi corazón.
     
    Poldy Bird.
     

    No sientas nunca que fue en vano - Kay Rojas

      

     

     
    No sientas nunca que fue en vano.
     
    No sientas nunca que nada de lo que haces o vives ha sido en vano. aunque no le veas sentido y consideres que es más lo que has  perdido que lo que has ganado, trata de encontrar entre tanta humanidad todo lo divino que en nuestro barro se ha escondido. 
     No sientas que lo que has vivido con esa persona que tanto amabas fue tiempo perdido ni siquiera porque te falló o porque se fue y no valoró el amor que le has tenido, no sientas que fue en vano tu ilusión aunque nada de lo que soñabas sucedió. quédate con lo más hermoso de todo lo compartido y descubre  tu enorme capacidad de amar que te hace capaz de llorar aún sin ser tu amor correspondido. no fue en vano.   hoy sabes que en tu corazón guardas demasiado amor y eso te da un inmenso valor. No sientas que fue en vano lo que diste aunque experimentes que nada a cambio recibiste, en tu entrega, está reflejada tu inmensa capacidad de amar, de donarte, de
    darlo todo sin reservas. eso es lo que al mismo Jesús más nos asemeja. 
     No sientas que fue en vano el esfuerzo realizado en el partido, aunque perdiste el juego y  tu equipo quizás fue vencido, de todo ello has sido capaz de aprender en qué estuvo el error, para hacer las cosas la próxima vez, muchísimo mejor; por eso no sientas que  lo que has entrenado ha sido en vano, hay que saber perder, para saber alguna vez cuando sea tu momento, sentirse humildemente un ganador.  
     No sientas que fue en vano el dolor que sentiste ante la derrota o la caída, si ahora sabes que eres tan fuerte que puedes levantarte y continuar adelante sin renunciar al camino. no ha sido en vano el sendero recorrido, aunque quizás te equivocaste en el rumbo elegido. mientras haya vida hay tiempo y podemos continuar hasta saber llegar a la meta trazada o al sueño construido.
     No sientas nunca que fue en vano equivocarte y caer el error, aprende de él para no repetirlo de nuevo y evitarte una consecuencia mayor; no sientas que fue en vano tu esfuerzo sino obtuviste recompensa, aunque empujes la piedra y no se mueva, tu brazos van adquiriendo más fuerza. No sientas que fue en vano creer o confiar, es mejor vivir así que andar angustiados y prevenidos sin sentirte en libertad. No hay que perder la fe aunque las cosas no sucedan como a Dios se las pedimos, El escucha nuestra oración, y nos responde aunque no sepan escuchar su Voz nuestros oídos. 
     No sientas que lloraste en vano. si cuando superas el dolor te das cuenta de lo inmensa que es tu fortaleza. No sientas que perdiste el tiempo porque te has divertido, sino te estancas en eso ni piensas que la vida es solo fiesta, no es en vano pasarla bien, simplemente no
    es lo único ni lo que le da sentido al ser y al hacer. 
     No sientas que fue en vano tu vida, si has nacido es porque el Amigazo tiene un sueño contigo, nada sucede por accidente o casualidad, todo pasa porque de ello algo hay que aprender, crecer, recibir, avanzar, transformar o reparar. a veces es necesario romper para volver a comenzar, aunque creamos que ha sido en vano el tiempo que gastamos construyendo las cosas mal, sino nos damos cuenta no lo aprendemos; lo perfecto no existe, surge de lo más imperfecto en su proceso de transformación, donde al equivocarnos y darnos cuenta de ello, podemos nosotros mismos aprovechar la oportunidad que se nos ha dado y volver a intentarlo de nuevo.
     No fue en vano la muerte de la semilla, ni el rompimiento del barro, no fue en vano lo que experimentó el oro en el crisol, ni la oruga al sentir su cambio. no fue en vano el tiempo de espera ni los dolores de parto. no fue en vano el contemplar la lluvia si mas adelante después de la tempestad un hermoso arcoíris saldrá. no fue en vano el cansancio en el camino, mientras se avanzaba de la montaña hacia lo más alto. no fue en vano el tiempo compartido con quien más se ha amado, no es vano todo lo vivido, porque de ello es mucho lo aprendido y Dios en todo eso ha actuado. El no nos ha creado en vano, conoce nuestra humanidad y deja que se recree en ella su Divinidad, por eso aunque la embarremos mil veces, EL actúa y hace Milagros con nuestra fragilidad.  El nos está esperando y hace fiesta en el cielo, cuando al perdernos del camino y alejarnos de casa, luego reconocemos nuestro barro y regresamos. 
     Nada es en vano. con las lagrimas que se derraman, se limpia y aliviana nuestra alma. con el dolor que se siente podemos aprender de él para hacernos más fuertes, con todo el amor que dimos y con el que nos quedó, podemos aprender a perdonar y sanar nuestro corazón, y luego con el tiempo encontrar a alguien más a quien darle tanto amor. 
     Con las sonrisas que dibujamos y los instantes de alegría, podemos mantener encendida nuestra alma aunque la tormenta intenta apagar las luces que nos guían. no ha sido en vano el tiempo que gastamos escribiendo en el libro de la vida, ni dibujando en el lienzo del alma, porque estamos haciendo historia y siempre se nos recordará por las huellas que demuestran que no ha sido en vano lo vivido, lo entregado, lo reído, lo llorado, lo perdido, lo ganado, lo ofrecido, lo donado, lo recibido, lo orado. nada, nada ha sido ni será para Dios en vano. porque aunque todo parezca demasiado humano, ahí en donde más se recrea lo Divino y da testimonio de lo mucho que nos ha amado.
     
    KARY ROJAS

     
    October 27

    No quisiera morirme sin volver a verte - Poldy Bird

     

     

     

    No quisiera morirme sin volver a verte.
     
    Yo tenía un vestido blanco con ventanitas de broderie en el ruedo. Había luna y un patio y naranjada y se bailaba dos pasos largos y un pasito corto.
    Las chicas nos reuníamos en el baño para contarnos cosas y reírnos de nervios.
    Vos no eras invitado; solamente el amigo de un amigo, pero nadie te dijo que te fueras. Tenías una camisa bien planchada y los ojos más bellos de la noche.
    Creí que te acercabas para sacar a bailar a la dueña de casa, pero era a mí.
    Al principio casi no podía hablarte porque tenía que contar los pasos un-dos-tres un-dos-tres, después la música hizo de maestra de danzas e intercambiamos nombres y teléfonos
    La vida era tan nueva, era tan larga, era tan sin estrenar y dulce, era tantas preguntas, era tantas promesas y esperanzas, era una extraordinaria omnipotencia: un territorio de descubrimiento donde todo el tiempo era nuestro y moriríamos de viejos algún lejano día en un lejano año . . .
    La vida era una estrella lustrada con el pañuelo de lustrar manzanas, ese pañuelo del que aun no conocíamos su vuelo de alondra gris para el adiós, su textura de nube para secar el llanto de los desconsuelos . . .
    La vida era el instante en que vivíamos, una página en blanco para garabatearla o estrujarla, para hacer un barquito que navegara en charco de la lluvia o cruzara el Atlántico, porque todo, absolutamente todo era posible y bello y luminoso.
    Por todo esto, por un bolero que cantaste a capella y que me dio vergüenza que los demás oyeran ( Mujer . . . si puedes tú con Dios hablar . . . pregúntale si yo alguna vez . . .), y más que nada por un breve beso . . . MI PRIMER BESO . . ., sentimos que ese encuentro era un encuentro "para siempre jamás".
    Tal vez hubiese sido así si no hubiera tenido que marcharme con mi familia por tres largos años a un pueblo de Corrientes.
    Digo "tal vez" porque no estoy segura si hubiese continuado, de quedarme yo aquí, la magia y el romance. O solamente fue el olor del verano, el un dos tres del baile, tus ojos desbordantes, tu barítona voz, mis ganas de saber lo que era un beso . . .
    Y sin embargo ahora, después de tanto tiempo, de tantas cosas y tantos desencuentros que se juntaron para hacer mi vida, me gustaría verte otra vez.
    No quisiera morirme sin volverte a verte.
    Claudio: si por casualidad lees estas líneas, si recordás que fuiste aquel muchacho, si mi nombre te dice alguna historia que no borraste de tu corazón, llamame.
    Hay media naranjada en cada vaso, que nunca terminamos de beber.
    Sólo quiero contarte algunas cosas, saber qué fue de vos, y quizás . . . tener catorce años otra vez, por un rato.
     
    Poldy Bird.
     
    October 21

    Cuando sentimos que nadie nos ve - Kary Rojas

     
     
     

    Cuando sentimos que nadie nos ve.

    Porque hay momentos en que quizás estando ahí, compartiendo y caminando al lado de mucha gente, sentimos que nadie nos está realmente viendo ni se está dando cuenta lo que nuestro corazón siente…
    Y nos agota tener que hacer siempre esfuerzos de más, lanzar un lamento y dejar una lágrima escapar, si es demasiado evidente que lo único que quizás hemos de añorar, es un alma que sepa ver un poco más allá de lo que a simple vista se logra contemplar…
    Es tan difícil poder expresar el sentir, por miedo quizás a que otros no logren entenderlo ni lo sepan asumir, tal vez porque para la humanidad a veces parece que lo que viven los demás, es una noticia que hay que ver, para comentar y en muchos casos hasta difundir…
    Y quisiéramos que alguien nos diera ese abrazo que no nos atrevemos a pedir, o que nos diga esa frase que impulsa y sostiene para que no nos vayamos a rendir, sin tener que decir lo que nos pasa, nos detiene y nos impide seguir; pero en momentos así, es cuando sentimos que nadie nos ve aunque estemos ahí…
    Cuando sentimos que nadie nos ve, acude a nuestro auxilio "Doña Soledad", se sienta en esa silla en la que todos en algunos momento se sientan, descansan, toman algo, se levantan y se van; porque en esta vida parece que las personas son como una brisa que a veces casi no se sienten, pero otros momentos se convierten en huracán que arrasan pero que no se quedan para siempre…
    Hoy en día cada uno anda en su propio ritual, apostando carreras con el tiempo, sin mirar detenidamente a quien a su lado ha de caminar; es por eso que muchas veces sentimos que nadie nos está viendo, ni se están dando cuenta de lo que estamos viviendo.
    Y no podemos acomodarnos en la tristeza y vacío que causa el sentir, que cuando necesitamos que vean que estamos ahí, a los demás les cuesta mucho abrir los ojos un poquito más y poderlo descubrir… en momentos así en los que experimentamos que nadie nos está viendo, es cuando el Amigazo más fijamente nos está contemplando y protegiendo, porque aunque se nos olvide que el camina a nuestro lado y nos cueste sentirlo sin verlo, El es quien guía nuestros pasos, nos está reparando y sosteniendo…

    Kary Rojas

     
     

    Cajitas - Poldy Bird

     

     

     
    Cajitas.
     
     
    Junto cajitas. Cajitas esmaltadas, cajitas de madera pintada, cajitas de cristal, de porcelana, de metal, de cartón, de nácar, todas chiquitas.
    En esas cajitas guardo los pedacitos de la felicidad. Porque la felicidad no es un enorme friso en la pared, sino un rompecabezas de pieza diminutas que se arma de a poquito.
     Y no tiene una figura fija, preconcebida, sino varias figuras, todas cambiantes, que pueden variar según los días, según las horas, según los lugares...
     Vos me enseñaste eso. Y muchas de esas cajitas tienen partes tuyas.
     No... no lo aprendí enseguida... me llevó tiempo... Cuando tu vida se apagó, el miedo y la soledad hicieron nudos con mis tripas. Golpeaba todas las puertas con terror de no ser escuchada, de no ser recibida. Y me juraba, cada día, golpear otras puertas y otras y otras, sin importarme quién las abriera, quién sería capaz de oír el sonido de campana al viento que emitía mi corazón... una campana de barco en medio del océano, una campana de catedral en medio del desierto, una campana quejumbrosa con sonido de pena y manantial al mismo tiempo... Hasta que empecé a abrir las cajitas. En una encontré un fósforo, uno de esos fósforos con los que encendías mis cigarrillos, y aunque casi no fumo, prendí uno y traté de hacer espirales con el humo, como hacías VOS.
     En otra encontré unas tierritas de colores, de Purmamarca, y el norte le trajo paz y color al sur de mi inquietud, con su placita de vendedores de pesebres, su aire de celeste transparencia, sus montañas redondas... En la de porcelana, una rosa seca y un papel dobladito: "quinto aniversario".
     En la de plata, una medalla bendecida de la Virgen de Luján. Arena de la playa mansa, monedita de austral, un coralito africano, una entrada de cine, un boleto capicúa, un anillito que perdió la piedra, un cuarzo casi dorado, una plumita de colibrí... Todos itinerarios de caminos que recorrimos juntos y yo vuelvo a caminarlos llevando tus pasos encima de los míos, ahora que tus pasos no pesan nada porque son de apenas airecito, de apenas aleteo de mariposa, de apenas una lágrima... Ya ves, ya no golpeo puertas, sólo abro cajitas para no estar tan sola. Pero, eso sí, al mismo tiempo, abro también mi corazón...
     
    Poldy Bird.

     

    October 04

    El hilo que conecta todo - Poly Bird

      

     

     

    El hilo que conecta todo.
     
    Eres el hilo que lo conecta todo, me hilvana a la música, al color, a las palabras, a los sentimientos, a la naturaleza, al pensamiento, al deseo, al espíritu.
     
    Antes de encontrarte, yo era un ramo de cosas entremezcladas, ahora soy una luz única en la que todo está fundido, aglutinado, amasado sin grumos, procesado, unificado en el sentido literal del término. Diste vuelta el cielo para volcarme las estrellas. Ovillaste el canto para atármelo al alma. Aunque me quede quieta pongo en movimiento todo lo que construye al mundo: ternura, alegría, amor. Y lo que lo transforma: mareas, huracanes, hielos, fuegos, sequías...
     
    Me voy abriendo. Y al abrirme, me expando, crezco, llego a los confines, vuelvo y entro en mí. En todas partes estás, precediéndome o esperándome. Eso es lo que más amo en ti: tu puntualidad para vencer mi soledad. Tu perseverancia para pulverizar mi pena y echarla al aire. Tu fuerza para ocupar los espacios ambiguos que existen en un ser: el espacio de la duda, el de la indecisión el de la inquietud, el del desgano... Los transformaste en depósitos de vida, latidos de reserva, semillas de tumbergias rosadas (que ya no sé si existen estas flores cuyo nombre me enseñó Silvina Ocampo). No te voy a decir que es la primera vez que me enamoro, porque no es verdad. Pero sí es la primera vez que "me enamoran". Que no elegí, que no ejercí el control desde el principio. Que sucedió sin que me diera cuenta. Que cuando supe, ya lo habías resuelto. Y empecé, entonces, a desatarme.
     
    A abrir todas las puertas. A deshacer los nudos. A tirar las piedras a los costados del camino. A respirar llenando los pulmones. A desprenderme culpas y dolores, resentimientos y rencores y dejarlos en papeleros amarillos. Me gusta tu nombre estereofónico, tu voz vibrante y áspera... ¡bah, todo me gustas!
     
    De pe a pa. Tu risa un poco tímida. Tus manos sensitivas. La forma en que entornas los ojos con un movimiento casi infantil, como si los párpados pudieran defender todo lo que se lee en ellos. Y tu mirada rápida, directa, que se adelanta siempre a tus palabras, como si les fuera abriendo paso. Me gusta que te importe lo que digo, lo que pienso, lo que siento. Que tengas curiosidad por todo lo que tiene que ver conmigo. Que estés constantemente tratando de asomarte a mi corazón. Para que puedas espiarlo, lo dejo descubierto. Quiero que sepas de mí más de lo que yo misma sé. Que por una vez en mi vida alguien me explique por qué hago o digo..., alguien me dé un consejo acertado, me haga razonar, me brinde un poco de par..., alguien me saque del torbellino cotidiano, de la envidia de los inútiles, del orgullo de los ínfimos y del desagradecimiento de los mendicantes. Alguien que puede mirar de frente el rostro de los ángeles y que hasta los conoce por sus nombres. Alguien que guarde boletos capicúa, programas de cine, servilletas con el nombre de las confiterías, cajitas de fósforos, sobrecitos de azúcar de todos los lugares por donde viaja. Alguien que conoce el nombre de las estrellas y puede señalar las constelaciones. El hilo que lo conecta todo: cuerpo, mente y espíritu, con la fuerza del cosmos y la vitalidad de la naturaleza. Un hilo que me envuelve, que me hilvana al diamante y a la flor, a la espuma del mar, al granizo, al vuelo del cóndor, al aletear mágico del colibrí, a tu voz, a tu abrazo, a las esquirlas de tu amor cayéndome en el.
     
    Poldy Bird.
     
    October 02

    La huella - Poldy bird

      

     

     La huella.
     
    Por donde pases, deja una huella. Para eso, no es necesario que pises fuerte, que te hagas notar
    con autoritarismo, que trates de llamar la atención con bombos y platillos.
    No...No son tus voces de mando, ni tu aspereza, ni tu rigor lo que marcara el lugar
    que has ocupado en el trabajo o en tu casa.
    Sera...eso de ti que has dado con amor:
    la palabra al que necesitaba aliento, la sonrisa al que se acercaba a ti, el consejo al que te lo pedía;
    la generosidad para comprender los motivos que llevan a algunos a cometer errores, a herir, a golpear.
    Cuando no te agradece algo que has hecho por otro... piensa que no lo has hecho con sinceridad...
    pues siempre se agradece lo que es generoso, autentico.
    Conozco mucha gente que solo hace favores para que se los agradezcan,
    o para pregonarlos y que digan:
    "que bueno", "que maravilla".
    Esos no dejan huellas, ni corazones encendidos en lámpara votivas.
    Para dejar una huella, hay que quedarse un poco en lo que se hace:
    la tiza dibujando palabras en el pizarrón del grado, la esposa planchando la camisa
    del marido, la mano apretando con tibieza la manito del hijo...
    Para dejar una huella...chiquita como una corola de violeta,
    no importa su tamaño, sino el signo que indique que pasaste por allí.
     
    Poldy Bird.
     

    Una vieja historia - Beatriz Martinelli

     

     
     
     
    Una vieja historia.
     
    El parque desbordaba colores, los puestos eran visitados por extrañas personas con atuendos diferentes. Era un día especial para la venta.
    Sentada atrás de una mesa improvisada con juncos sobre dos caballetes, Laura esperaba pacientemente que alguien se acercara a su puesto. Miraba con un poco de recelo, pues no tenía permiso para estar ahí, pero decidió que igual se quedaría, más que sacarla de mal modo, por parte de los inspectores de la feria, no pasaría de ahí y como el lugar estaba lleno de gente no querrían hacerse odiar delante de tantos extranjeros.
    Ella no era la única en esa situación, estaba un artesano de alpaca con su manto negro desplegado sobre el césped y un artista que con un pequeño atril realizaba tintas y aguadas.
    La vida había cambiado. Ella solía visitar las ferias de otros países, y se colgaba hablando con los artesanos, siempre le gustó esa vida.
    Había pasado muchos años de esto, pero siempre tenía la sensación que era la vida de otra persona, que quien recorría las calles luminosas u oscuras de ciudades distantes como quien camina dentro de su habitación, con la misma importancia, era otra persona, no ella. No podía recordar cual era su cara de entonces ni como tenía su pelo, ni en que pasaba su tiempo.
    Sólo recuerda que fue un torbellino su vida, todo era distinto, para nada de eso estaba preparada y la sensación que tenía, era que se había perdido los últimos ensayos y cuando entraba la acción, no sabía de que se trataba ni que papel debía jugar. ¡Pero era tan inconsciente y él le daba tanta seguridad! Para él todos sus actos eran maravillosos, aunque le cambiase los planes, él tenía una adhesión por ella que la hacía sentirse importante, aún sabiendo que no lo era.
    No sabía por qué, hoy se sentía especialmente nostálgica, escuchaba una música lejana, percibía olores característicos de comidas muy condimentadas, y hasta sintió el roce de unas manos que la arrastraban de un lugar a otro.
    Se reían de todo, el Mundo parecía a su disposición. Los jóvenes en la Universidad se reunían constantemente, había plenarios, había sentadas, había protestas, querían cambiar la historia. Todas las paredes eran soportes perfectos para las proclamas, los afiches, las banderas. Se sentían parte de un nuevo mundo, " El Tercer Mundo".
    El arte ocupaba su lugar, ya no era para círculos cerrados, salíamos a la calle, a las plazas, íbamos a las villas, nos colgábamos en los trenes y le decíamos a la gente, a los cansados y aburridos laburantes " lo importante que eran ellos para producir ese cambio". Nos sentíamos los apóstoles, arrastrando a los seguidores de tan justa causa-
    Mirando a su alrededor quiso adivinar quienes habían vivido parte de esa misma historia. Quería ver en sus caras, rostros olvidados por el tiempo y por el miedo.
    La ciudad nos pareció no apta para nuestro trabajo, y nos largamos con una mochila y casi nada de ropa a las provincias del norte. Empezaríamos por el Litoral, pero no sabíamos a ciencia cierta cuál sería nuestro destino final. Dejaríamos la tibieza de la cama limpia por la de un cielo raso lleno de estrellas, dejaríamos la mesa servida con un plato de comida humeante por latas de conserva los primeros días y Dios sabe qué, después.
    - El grupo era muy heterogéneo, Jorge en cuarto año de arquitectura, Pablo en segundo año de agronomía, Mónica asistente social casi en su último año, suspendió la carrera por la aventura, " por el trabajo de campo "como decía ella. Ezequiel estudiante de psicología y maestro, yo estudiante de pintura y teatrera por vocación -
    Nuestro destino primero era la provincia de Corrientes y establecernos en un pequeño pueblo en la frontera con el Chaco. De allí iríamos a una población indígena- Llegamos como si fuésemos parte de las cruzadas, pensábamos que nuestro sacrificio sería recompensado con el cambio total del pensamiento y de las estructuras sociales del lugar- No tardamos en darnos cuenta que nuestro trabajo aunque muy encomiable se perdía entre los expedientes y las cartas de recomendación -
    Siguió mirando pero ninguno de esos rostros le decía nada a Laura. Preparó el mate, sacó unas galletas de miel, y se dispuso a comer su primer alimento del día. Empezó a recordar como conoció, casi graciosamente, a Esteban.
    - Consiguió un caballo prestado que la acercaba desde el rancho que habían habilitado como escuela, taller, consultorio e improvisado teatro, hasta esa casita pequeña a la salida del pueblo, prestada por una familia que se había marchado a Buenos Aires por un tiempo-
    Ella, que más que el caballo del carrusel no había montado otro, en su marcha era un continúo subir y bajar siempre a destiempo de la bestia. Se había hecho muy tarde y el animal quería volver a su casa, por lo tanto había decidido largarse en un galope que Laura no pudo dominar. En el recodo del camino, y viendo que venía un coche en su contra se asustó tanto, que se largó del zaino.
    Con tan mala suerte que su pierna sufrió una rotura bastante importante. Avergonzada y dolida no sabía si llorar, si gritar o desplegar ese vocabulario florido que la hacía parecer más un muchacho de la calle que una joven estudiante.
    Esteban se bajó muy preocupado del auto. Ella lo vio acercarse casi corriendo, con una expresión de susto que le resultó, a pesar del sufrimiento muy graciosa. Su aspecto era muy distinguido, era un hombre bastante maduro, superaba los 50 años, su cabello rubio entrecano, sus ojos claros, su tez tostada y curtida por el sol, de buena estatura y delgado.
    La observó con ojos de asombro, le ofreció su blanco pañuelo, que ella se encargó rápidamente en ensuciar, y en ese momento no soportó más el dolor y se puso a llorar como una niña. Él la consolaba, su acento era extranjero, sería alemán o belga, no lo sabía bien, preguntaba su nombre y donde vivía. Ella entre llanto y moco le pudo contar algo de su historia, él decidió tomar cartas en el asunto. Después le confesaría, que no la iba a llevar con esos inconscientes con los que estaba viviendo.
    Se procuró una madera, ató su pierna y la tomó en brazos llevándola hacia el auto. Así comenzó una nueva historia Laura, cambió una vida de ideas revolucionarias por una vida de constantes viajes, de gentes diferentes, de mundos distantes, y guardó en un bolsillito interior y pequeño esos grandes ideales del setenta.
    Laura y Esteban se establecieron en un pequeño departamento de Corrientes Capital, él le deparaba las más exquisitas atenciones. ¡Sabía atender a las mujeres! eso era evidente, se decía Laura, seguramente no estaría solo, estaría con pareja. Laura trató de no ilusionarse porque venía arrastrando una historia bastante dolorosa con su novio anterior, un loco revolucionario, que casi la mete en un lío muy grande con la policía, era un delirante que buscaba el peligro para gratificarse y no tenía reparo en embarcar a cualquiera que estuviera a su lado.
    Después de un mes Laura estaba restablecida, y la relación con Esteban se hacía cada vez más íntima. Hablaron de sus respectivas vidas, él estaba casado, su mujer vivía en Europa, tenían dos hijos grandes. Era representante de una firma Suiza, y viajaba constantemente. Su matrimonio no lo incomodaba ni le quitaba el sueño, era una de esas tantas parejas que en sociedad son esposos, sólo ante la gente.
    Para Laura eso era incomprensible, ella que bregaba por la libertad del amor, la libertad del sexo, por los grandes ideales del hombre, no entendía esa doble imagen que vendían muchas personas sobre todo de las clases altas.
    Él, acostumbrado a tener siempre de todo, desde que fue niño, menos saber lo que era la libertad de espíritu y la libertad de acción, veía en Laura lo que a él siempre le había faltado. Esa chica de 25 años le mostraba un mundo distinto, apasionante y no podía perdérselo, de una vez por todas haría algo bueno por él.
    Así fue que Laura y Esteban decidieron una vida juntos. El Mundo Rico y el Mundo Pobre fueron recorridos por estos dos locos enamorados. Laura arrastraba a Esteban a los Museos, se sentaban en el suelo frente a las pinturas de los grandes maestros. ¡ Esteban sentado en el suelo! ¡ Si alguien lo viera, no podrían creerlo!
    La violencia en la Argentina aumentaba cada día más y una nueva palabra se instauró en la sociedad "los refugiados políticos". Laura tenía miedo por los compañeros que luchaban en su patria. Esteban no podía entender lo que le pasaba a ella. Cada día estaba más triste y enajenada, buscaba nombres de los emigrados en las Cancillerías y en los Centros de Refugiados.
    Había dejado de ser esa chica que iluminaba cualquier lugar donde se encontraba. La relación con Esteban se resquebrajó. A él ya le fastidiaba tanta tristeza y paranoia. Él necesitaba a su lado esa chica sucia que levantó del camino, buscaba esa otra que lo hacía recorrer las calles de París como un adolescente, riendo y cantando. O aquella otra que en el Mercado del Cairo se ponía adornos y tules y regateaba precios como una experta comerciante.
    Laura le reprochaba su insensibilidad y Esteban terminó dejándola en Madrid, con la renta paga por un año de un departamento de la calle Cava de San Miguel y una cuenta de ahorro en el Banco.
    Sentada en la cama, con las piernas dobladas, enroscada en un túnica color violeta, un vaso de vino en la mano y varias botellas tiradas en el piso, lo vio cerrar la puerta. Él con lágrimas en los ojos, ella no quiso despedirse, entendió que no soportaría ese momento.
    No recuerda cuanto tiempo se quedó así, si pasó unos días o una horas. Cuando salió de ese estado de borrachera y aislamiento decidió que debía hacer algo por los que escaparon y por sus familias.
    Así se conectó con mucha gente que venía no sólo de Argentina, sino de Uruguay y de Chile. Su departamento fue hotel de todo aquel que llegaba. Los vecinos se empezaron a molestar por tanto desorden y tanta gente extraña. Ya no la respetaban como cuando vivía con él. Ahora era casi indeseable.
    Nadie sabía de Luis, ese novio loco que tuvo y estaba segura que estaría muerto. Había tanta gente desaparecida sin compromiso con ningún movimiento político, que no dudaba que a él, como se manejaba en la vida, le hubiese pasado lo peor.
    Así Laura vivió una vida desordenada, en medio de la lucha por la subsistencia, el trabajo solidario con los familiares de desaparecidos y cambiando de pareja cada seis meses. - ¡ Qué vida diferente! se decía, cuando agotada llegaba a su casa y a veces ni un lugar para dormir encontraba. Con Esteban ella era la protegida, ahora era la que daba protección. Encarar una relación sana viniendo de tanta enfermedad era muy difícil.
    - Ahora de vuelta en la Argentina, sin amigos, o con amigos que dejó de una manera y ahora encontraba de otra, se dio cuenta que ella era la única que no había cambiado, se había quedado enganchada en una historia vieja.
    Sus amigos tenían una profesión, un lugar en la sociedad como representantes de una clase media alta, eran responsables padres de familia y ella, sin familia, sin profesión y sola, viendo como el mundo siguió su curso y no la esperó.
    El agua del termo se acabó, la tarde se llenaba de cantos que venían de diferentes lugares de la plaza. Acomodó las alpargatas, los cinturones y las mochilas, sacó los potes de pintura y comenzó a pintar.
    Hola ¿ qué tal?, una voz la sobresaltó, levantó el rostro y lo vio. Estaba acompañado de una elegante señora alta y delgada. Su cabello un poco mas blanco, su cuerpo igual de esbelto, sus ojos llenos de una ternura inmensa.
    El mundo se desplomó sobre sus hombros y como hacía muchos años lloró como una niña, sólo que ahora, no le ofreció el pañuelo ni la alzó en sus brazos.
     
     
    Beatriz Martinelli.
     
     
    September 30

    Cuando florezcan las madreselvas - Amelia Arellano

     

     

     

    Cundo florezcan las madreselvas.
     
    La Juana mira la tierra yerma, conjugación de pajas, lagartijas y piedras. La Juana… ¿La Juana qué?... Solo la Juana.
    En este lugar las mujeres adquieren identidad y significación por el hombre: La hija de don Braulio, La Negra del Juan, La viuda de Jacinto. La mujer del Lucio. La madre del Tito. La señora de don Alberto.
    La mujer “es” en función del hombre.
    Las mujeres de estas serranías también le pertenecen a la tierra: La Juana de la loma, la Juana de la Quebrada del cóndor, la Juana del talar.
    Pareciera que en estos parajes las mujeres no piensan , no sienten, solo hacen: La Juana que hace tortas, la Juana que cuida cabras, la Juana que vende quesillos, la Juana — que como un hombre — cuchillo en mano peleó con un león.
    La Juana… La Juana de nadie, la Juana de los jarillales, la Juana pródiga como la tierra que cuando la fecunda florece en retoños.
    Especie de hembras sin macho. Su madre no tuvo hombre, su abuela tampoco. La palabra padre parece haber desaparecido de sus diccionarios.
    Todas las mujeres de la familia tuvieron “chancletas” menos ella que lo tuvo al Pedro.
    Crecieron desconfiadas hacia los hombres, el político, el bolichero, el patrón, ni en los curas confiaban.
    No eran religiosas pero eran mujeres de profunda fe, en la vida, en la naturaleza, en ellas mismas. Rezaban a su modo y tenían sus propias prácticas religiosas: “cortar el granizo” con un cuchillo, con una cruz de sal, exorcizar el “mal de ojo” o la envidia, matar una víbora en semana santa, hacer la señal de la cruz al mate, pedir la bendición, hablar con Dios antes de acostarse.
    Con respecto a la salud, tenían la misma concepción: todas las mujeres parían en la casa. Para los problemas de salud acudían a la generosidad de la naturaleza, mastuerzo, para la tos. Gárgaras de llantén para el dolor de garganta. Hierba del venado para los problemas renales. Carqueja y ajenjo para el hígado. Hierbas diversas para la digestión: peperina, poleo, menta, cedrón. Usillo para el corazón. Hierba de pollo para el empacho. Sen para la constipación. Palan-palán para las quemaduras y heridas diversas.
    El ajo tenía usos diversos, podía servir para la tensión arterial, para la indigestión, para “el estómago sucio” o para los parásitos.
    Curaban el empacho, ya sea con la cinta o tirando el cuerito y luego haciendo en la espalda una cruz con ceniza.
    También el buche de avestruz deshidratado se usaba en distintas prácticas medicinales.
    Iban pasando estos conocimientos de generación en generación y con la experiencia iban sistematizando nuevas conceptualizaciones: Leche de burra para la tos convulsa, baños de agua de romero para contrarrestar los males. Poner la escoba detrás de la puerta para que se vayan las visitas indeseables, predecir quién vendría a la casa, si se caía un cuchillo vendría un hombre. Si caía una cuchara una mujer.
    También predecían el tiempo por el cielo, las nubes. Los animales domésticos, los pájaros, de ese modo tomaban sus recaudos.
    También tenían sus propias prácticas de medicina veterinaria: Curar de la mancha, de la sarna, del embichamiento, del mal de las pezuñas.
     
    La Juana sorbe los mates en silencio.
    ¿Para qué hablar sola?
    En la noche estrellada, sentada al amparo de un algarrobo añoso, mira la cruz del sur, las siete cabrillas. Las tres marías… y piensa… y recuerda.
    ¿Recuerda o es su sangre india que surge a borbotones como un oasis y que en el desierto de su soledad, necesita un escape y este escape toma la forma de recuerdos? Viene a su memoria una presencia amada: su abuela. La abuela María, de inconfundibles raíces indias, su larga trenza renegrida que era una delicia ver como se extendía en dos negras cascadas sobre su espalda.
    Su cara, que semejaba la tierra recién arada, con huellas profundas, oscuras, perfumadas.
    Su regazo tibio en donde ella apoyaba su cabeza confiadamente…y su olor… Ah… su olor, a chilca, a romero a lana de oveja. La imagen de la abuela toma forma y presencia vívida. Le parece verla debajo de la ramada tendiendo los quesillos de cabra.
    Sus pasos ágiles y livianos denunciaban sus dotes de bailarina. De cuecas saltaditas, de zambas. Se recuerda a si misma sentadita en el umbral mirando los pies de su abuela que parecían pájaros.
    Tiene un difuso recuerdo de su madre muerta, ella tendrá cinco o seis años. Fue allí cuando vino una persona del gobierno aludiendo que era una anciana muy mayor para hacerse cargo de la niña.
    “Que la niña necesita un hogar… que no hay agua corriente… que no hay baño...”
    La respuesta presta, rotunda y contundente no se hizo esperar.
    “Agua hay y más limpia que la de ustedes - y, señalando los gatos que dormían en el fogón - Tampoco ellos tienen baño y son mas limpios que muchos cristianos.”
    El vuelo raudo de una estrella fugaz la trae a la realidad y el recuerdo se hace deseo y urgencia
    ¿Abuela, donde estás? ¡Te quiero ahora aquí, conmigo! ¿Desde esa estrella lo estarás mirando al Pedro? ¿Le habrán entregado los guantes tejidos con lana de oveja?
    Dicen que hace mucho frío allá. Que lo llevaron a defender la patria. El maestro del pueblo quiso tramitarle la excepción -hijo único de madre sola- pero el Pedro no quiso.
    Aun re suenan en sus oídos el rasgueo de la guitarra y la copla preferida del Pedro:
    “Primero la Patria
    Primero el honor.
    Después de la patria
    Guitarra y mujer”
    La Patria… La Juana tiene la imagen de la Patria que sale en los libros de lectura del Pedro, una señora, con vestido largo, con un gorro en la cabeza y descalza.
    “Se me ocurre que a esa señora no le sería fácil trepar lomas, entre pencas y pajas:”
    No entiende muy bien eso de que el Pedro está defendiendo la Patria, debe ser porque es muy burra. Ya lo decía su madrina:
    “Esas manos no sirven para escribir sino para hacer tortas”
    Cuanta razón tenía la madrina. No pudo pasar de 2º grado.
    Recién empezó a escribir cuando lo hizo el Pedro. Para las cuentas si que era buena, nadie la jodía, ni en el boliche, ni con el precio de los cabritos o huevos.
    Se decía a si misma “hormiga obrera” y ríe ante el recuerdo ya que el Pedro invariablemente le contestaba:
    “Si, por lo negra y chiquita”
    El término lo sacó de un diario que servía de envoltura de los jabones y que el Pedro recortó y lo pegó sobre un almanaque viejo que colgaba de la pared. El texto decía:
    “En un hormiguero bien organizado, las hormigas reinas son pocas
    Y las hormigas obreras muchísimas. Las reinas nacen con alas y
    pueden hacer el amor. Las obreras, que no vuelan ni aman,
    trabajan para las reinas... Los zánganos…“
     
    Y el texto se interrumpía por que faltaba un pedazo de papel.
    Ella una sola vez fue reina, pero había nacido para obrera. Pensó en voz alta:
    “Tampoco quiero zánganos en la casa.”
    “El Pedro si que me salió inteligente”
    Sus ojos se iluminan como carbones el si llegó a 7º grado y ¡hasta llevó la bandera!
    En lo más recóndito de su corazón sabe que salió a “él” ¿Cómo olvidar esos ojos negros con un fondo de cielo azul?
    Con orgullo que da poder, piensa que es la única poseedora del secreto: Ni el mismo sabe que es su padre.
    El Pedro nunca peguntó. Nunca la cuestionó.
    Se da cuenta que ha anochecido y no ha entregado los cabritos, ni levantado los huevos de las gallinas. Tenía que hacerlo si o si sino los zorros se apropiaban del producto.
    Camina con prisa hacia lugares que conoce solo ella: Entre los pajonales, detrás de las casas, debajo de un viejo carro que sirve de gallinero, en el hueco de un viejo horcón, en una caja de cartón, dentro del galpón.
    Coloca cuidadosamente los huevos en su delantal, convertido en improvisado cesto y se dirige al rancho. Guarda los huevos en un tarro y regresa al exterior.
    La luna alumbra tanto que proyecta sombras a su paso… como fantasmas. Fantasmas lunares que ella conoce y no teme. Sí, en cambio, otros que rondan por su cabeza. Mueve la cabeza como para deshacerse de los pensamientos molestos.
    Mira la luna y recuerda su infancia y en ella la luna con la virgen, el niño Jesús y el burrito.
    Entrega los cabritos a las madres, estos se reconocen y se buscan mutuamente, un coro de balidos quiebra el silencio de la noche.
    La soledad del monte pesa y sin el Pedro mucho más. Es mas hondo el silencio en las quebradas y la casa cruje por el viento sur.
    “Solita mi alma”
    Sola como los cerros, como el arroyo, o como esa lechuza que siempre está parada en el poste del alambrado.
    “Dicen que la lechuzas tren mala suerte”
    Ella no lo piensa así, esa lechuza ha pasado a ser parte de su vida, como el monte, el viento, los alambrados.
    La detiene el piar desesperado de un pichoncito que ha caído de su nido, lo levanta, lo acaricia y lo coloca en su nido de ramitas secas. Allí se da cuenta que no está sola, que no están solos. Ellos pertenecen al monte pero este también les pertenece.
    Además esta toda su gente, por ejemplo ahora que no está el Pedro, las compras en el pueblo se las hacen ellos
    La Juana baja solo dos veces al año al pueblo: en la festividad del santo Patrono, el tres de mayo y el “día de ánimas”, el dos de noviembre.
    Entra al cuarto que sirve de cocina, toma un tarro que hace las veces de balde y llena otro tarro que está en una hornalla de la cocina “económica” que tiene en la puerta de hierro una inscripción: BEUTIN. En la otra hornalla, una pava ennegrecida con agua hirviendo, cuya tapa tintinea.
    Corre una gallina rezagada, dormida en la rústica mesa de madera.
    Prepara el mate, saca un pedazo de pan de una caja de madera. Toma unos mates y come el pan. Esa es su cena.
    No ha prendido el mechero, el vislumbre del fuego ardiendo le permite moverse con comodidad en el cuarto. Cubre el fuego con ceniza y sale. No cierra la puerta de tablones cruzados ¿Qué podrían robarle a ella?
    Cruza un patio de tierra y se encamina a la “pieza” que le sirve de dormitorio y de comedor de recibo.
    Una idea le machaca la cabeza ¡No hay caso! No entiende porque el Pedro se fue tan lejos a defender la patria.
    Prende una vela, busca con dificultad un ajado diccionario que le regaló una maestra, por fin encuentra:
    “Patria: lugar, país, tierra donde se vive”
    ¿Qué tierra tiene que defender el Pedro si ellos nunca la tuvieron? Siempre ha vivido en esa casa, allí nació su madre, ella y después el Pedro. No hay papeles. Tierras fiscales dice el maestro de la escuelita. Deja el diccionario, mientras se dice moviendo la cabeza:
    “Bah, hay tantas cosa que no entiendo”
    Se desviste sin prisa, se deja abrazar por la manta tejida por su abuela y reza…Reza como ella sabe hacerlo…Pide por el Pedro. Le pide a la santísima virgen que interceda. Reza en silencio. Con su cuerpo, con su sangre, con su corazón. Todo un rezo la Juana.
    Afuera los rayos de luna intentan atravesar los espacios que dejan las tablas de la ventana. No sabe qué hora es cuando se duerme.
    Al día siguiente se levanta apenas clarea.
     
    Lo primero que hace es traer una vieja radio a pilas y colgarla de una rama del tala.
    Se asea en el patio en una vieja palangana de aluminio, el agua helada pone colores en su cara morena. Toma un peine que saca de una cola de caballo, disecada y muy brillante, un peine negro, peina rápidamente su cabello. Se hace una gruesa trenza y con la misma un rodete que sostiene con horquillas.
    Entra en la cocina, separa la ceniza, coloca unas ramitas secas y sopla hasta que la llamita se convierte en fogata. Pone el agua para el mate y en otra hornalla una ollita de “fierro “de tres patas en la que coloca trozos de grasa cortada.
    Abraza un manojo de leños con sus fuertes brazos y prende el fuego en el horno de barro que está en el patio.
    Vuelve y se sienta en un banquito que en realidad es un tronco cortado con tres raíces que hacen de patas. Coloca las brasas en un brasero que es un tarro al que se le ha anexado una parrillita cuadrada. Trae la pava ennegrecida, los implementos del mate y comienza su primera comida del día.
    Hay otra mesa en el patio, que en realidad es un tablón sostenido por cuatro horcones. La limpia con cuidado y la seca.
    Trae una bolsa con harina y dispone un poco de la misma sobre la mesa, en forma de corona .En el centro coloca la grasa derretida que “chirria” ante el contacto con la salmuera tibia y un trocito de levadura.
    La Juana se transforma cuando amasa. Mete sus manos en la harina suave, acaricia la masa hasta que está caliente, dispone de trozos alargados que corta con las manos y en la parte superior le hace dos cruces con un cuchillo mango de madera.
    Prueba el horno introduciendo un papel adentro y cuando considera que la temperatura es apta, toma una pala de madera con un largo mango y va disponiendo los panes en el horno. Finalmente tapa la boca con una lata y coloca una piedra grande que la sostiene.
    Al Pedro le encanta el olor y el sabor del pan casero. Le parece verlo: con el pan caliente, lo huele y con respeto, como una ceremonia sacra, corta un pedazo con la mano -la abuela decía que no había que cortar el pan con cuchillo- y se lo lleva lentamente a la boca.
    No sabe por qué hace pan hoy, cuando el Pedro no está hace torta al rescoldo.
    Mientras el pan se dora en el horno y el aire se perfuma con olor a jarilla, se entretiene en sacar las hojas secas de la madreselva caprichosa que pese a sus cuidados no quiere florecer. Desde que murió la abuela no ha florecido y eso que la cuida especialmente y le ha ofrecido las flores a la estampa de la virgen dolorosa.
    El balido de las cabras desde el corral la conecta con sus tareas pendientes, piensa que hasta sus cabritas ha abandonado por estar cerca de la radio. Le parece que así está más cerca del Pedro aunque no entienda muy bien el contenido de lo que dicen.
    Está confundida la Juana. Confundida, fundida con el silencio…fundida con las voces de la radio. Para colmo el Lucho que pasa tras de una yegua arisca la confunde mas, se dice en voz alta: ¡Que van a pelear con un príncipe…! ¡Jesús! ¡Un príncipe! ...Y viene en avión”
    Si el Pedro lo único que sabe manejar es su cuchillito del monte, lazos y boleadoras.
    Que llegan aviones... mira el cielo y ve revoloteando caranchos…Tengo que ocuparme de los cabritos, piensa, y se dirige al corral.
    Adivina algo en la mirada de Hilario que viene desde el otro lado de la sierra.
    “¿Será idea de ella o el Hilario da vueltas para bajar del caballo?”
    Se baja, y con aire resuelto se dirige hacia ella, antes de que termine de hablar, siente que su sangre se ha enfriado, que sus pies han echado raíces profundas que le impiden moverse: soldados… muertos.…mentiras.
    “…Mas mentiras..”
    La Juana no llora. Aprendió que en el monte no sirve llorar.
    “Debe haber una osamenta”
    Y señala los caranchos que revolotean en círculo.
    Hilario se dirige a ese lugar y la Juana al rancho. Toma la mano del mortero y pisa con fuerza el maíz para la mazamorra.
    “Hay que hachar, sembrar, sacar el pan”
    En el huerto rasguña la tierra con sus manos y con grandes puñados tapa la tierra donde ha colocado la semilla.
    Y trabaja, trabaja y trabaja.
    No para, ni para comer. El anochecer, preludio de un acongojado anuncio de otro día la encuentra al lado del corral, mirando sin ver, escuchando el repiqueteo de la lluvia sin oír. El olor a peperina es tan intenso que impregna su cuerpo, pero la Juana no huele, no aspira, no respira.
    Sus alpargatas deshilachadas se manchan con la sangre que mana de la herida de una espina de alpataco clavada en un pie que ella no ha advertido.
    Los truenos hacen retumbar los cerros. Los relámpagos delinean nítidamente las formas de la tarde.
    Parada al lado del palenque la Juana parece la imagen de la desolación. La lluvia tan esperada, resbala sobre su cara, sabe a sal y a vinagre. Empapa su cuerpo delgado, delinea sus formas, se adhieren a sus pechos pequeños que parecen brevas marchitas.
    Pasa el chaparrón y el sol marca una línea curva en el horizonte con los colores del arco iris. El cielo despide un resplandor rojizo
    “Mañana será un lindo día”
    Quién sabe que fuerza traslada su cuerpo, su materia, al rancho.
    No enciende la radio, la baja del tala y la coloca sobre la mesa de la cocina.
    Prende el farol lo cuelga de un gancho en la pared de barro y guarda el pan en un gran cajón de madera.
    Alimenta los perros, los gatos e intenta entibiarse por dentro con el mate.
    Con el farol en la mano, arrastrando los pies que pesan como plomo se dirige a la “pieza”. No apaga el farol.
    En el lecho sin desvestirse ni deshacer la cama, mira el techo de jarilla, sin pestañear, no sabe a que hora desciende, piadoso, el sueño.
    El canto del gallo la despierta. Saliendo del rancho en la ramada se detiene petrificada:
    ”¡Ha florecido la madreselva!”
    Siente que una esperanza grandota le inunda el pecho.
    Cuando aparece en medio del guadal la chata del Turco no sabe qué le pasa a sus ojos. Ve todo nublado. Desdibujan la figura del Pedro levantada en saludo.
    Sus pies como trasformados en pájaros vuelan al encuentro. Toda la Juana florece. Su blusa, como por arte de magia se infla y sus pequeños pechos semejan dos higos maduros.
    Como fulminada por un rayo llora, ha comprendido que llorar sirve para que florezcan las madreselvas.
     
    Amelia Arellano.
     

    Un llanto azul - Poly Bird

     

     

    Un llanto azul.
     
    Me he cepillado el pelo hasta dejarlo brillante, me he puesto mi vestido verde, el que te gusta, y he cruzado la plaza para llenarme los ojos con esa luz que se cuela entre las copas de los árboles y deja dos escarabajos de oro en mis pupilas. Porque voy a verte. 
      Porque voy a verte aún sabiendo que es para decirte adiós, para que me digas adiós, para que me aprietes las manos entre las tuyas y me hables del amor que ha crecido entre nosotros, pero no es una enredadera que da campanillas violáceas sino una hiedra oscura, que nunca sabrá de flores. 
      Sé todo lo que va a ocurrir. 
      Rodará un llanto azul por mi mejilla. 
      La nombrarás para sentirte menos culpable. Hablarás de ella, de sus años de fervor y entrega, de las tranquilas paredes de tu casa, sacudidas  por las pequeñas manchas que les  hicieron las manos de tus hijos. hablarás también de ellos: dirás sus nombres con voz trémula, y yo me enterneceré y los acunaré en mi mente, como si me pertenecieran. 
      Es tu " yo pecador" hablarme de eso, después de haber soltado amarras, después de  haber viajado  conmigo entre tus brazos por un mar de ángeles sentenciosos y risas asfixiadas por tus besos y vientos de fuego quemándose en la sencilla y honda ceremonia de la pasión y el estremecimiento. Cuando me confesaste que no eras libre, ya estaba enamorada de ti, ya me querías. 
      Sentí que el universo se vaciaba y me tragaba en sucesivos terremotos; que me hundía buscando donde apoyar los pies. 
      Pero te quiero, dijiste. 
      Y la tierra volvió bajo mis pies, se cerraron las grietas, se soldaron los abismos, todas las cosas volvieron a su lugar. 
      Tan sólo una pátina gris sobre mi vida, sobre mi cuerpo, oscureciéndose, aplastando mis movimientos hasta volverlos lentos gestos de autómata. 
      Pero te quiero.. 
      Me colgué de esas  tres palabras para no morir. Entonces empezó la ansiedad de nuestros encuentros. Empezaste a nombrarla cada vez, a amarla para mí, para que supiera sus colores, sus actos, su forma de pensar. 
      Tan distinta a mí. Tan distante de ti y, sin embargo, teniéndote. Porque tu no sabías, que era ella y no yo quien te tenía. 
      Y yo lo fui sabiendo, sin querer, sin proponerme saber, lo fui sabiendo día a día y fui ocultándotelo con miedo de que lo advirtieras. 
      Mientras no lo supieras me albergarías en un rincón de tu ser y de tu mente, y segurías pensando que yo era tu motor, que yo era la corriente de luz que te impulsaba, tu oasis, tu huerto y engalanado de frutos para el hambre y arroyos para la sed. 
      Egoísta, aferrada, empecinada, recortándote con el filoso cuchillo de la posesión, recortándote de tu estampa familiar en la que ellos te rodeaban, para alargar mi agonía. 
      ¿ En qué momento descubre el árbol que su verdad es la raíz y no el libre ramaje que lo acerca al cielo y lo agita en el aire?... 
      ¿ En qué  momento ibas a darte cuenta de esto?. Unas semanas más y sucedió. 
      Era lo inevitable, lo esperado con miedo, lo presentido, eran los fantasmas corporizándose. 
      Me llamaste con una voz triste, pero segura y firme: 
      Tengo que hablar contigo, por última vez.... 
      Bueno.... 
      Mañana, me dijiste; a las tres de la tarde... 
      Y hoy es mañana. 
      Rodará un llanto azul por mi  mejilla en el momento del adiós. Rodará un llanto azul por tu mejilla en el momento de la verdad. 
      ¿ Porqué entonces este afán de gustarte, este cruzar la plaza para llenarme de luz dando la hora del encuentro, si sé que va a ser el último y nunca más, nunca, nunca más volveré a verte, volveré a estrecharme contra ti?. 
      Voy a morir un poco y me acicalo. 
      Voy al entierro de mi luz y me ilumino. 
      Voy al martirio y sonrío. 
      Endulzo el café, lo siento amargo. 
      Tiemblo, te quiero. 
      Voy a evitarte una tortura. 
      Voy a hacer algo por el amor que me recorre, que me aprieta frente al límite del olvido. 
      Llamo al camarero, pago mi café. 
      Huyo. Huyo de este lugar y del encuentro. 
      Me esperarás en vano. No verás mis ojos mojados. No tendrás que decirme tu discurso de despedida. 
      No responderé tus llamados, si me llamas. 
      Ya ves te facilito tu tarea, evito que te conviertas en mi verdugo. 
      No es un acto de arrojo solamente; es una forma de inventarme la manera de creer que hubiera rodado un llanto azul por tu mejilla en el momento de la despedida. Un llanto azul por mí. 
      Un llanto azul. 
      Porque si voy y estás sereno y duro, si voy y tus ojos permanecen secos, será la muerte verdadera, así...puedo llenar de azul este recuerdo.. 
      De un llanto azul, un llanto azul por mí..
     
    Poldy Bird.
     
     
     

    Aquella luz - Poldy Bird

      

     

     

    Aquella luz.

    Entonces se puso su cabeza en mi regazo, arrodillado ante mí, y yo miré su pelo oscuro y suave, un poco más largo que de costumbre, como siempre que va a hacérselo cortar. Sus largos brazos me estrecharon y todo lo que parecía estar sembrado de espinas desapareció. Acaricié su cabello. El aire era de raso; el color ambarino de la luz transformaba la piel en satín. No había un espejo allí, pero yo registré ese momento como una fotografía color sepia en la que un hombre y una mujer, cansados de ser arrastrados hacia los remolinos del río por la corriente rápida de la ira, los celos, las equivocaciones, los rudos golpes de haber vivido... cortan el elástico de la tensión y, al instante, se sientes libres como dos barquitos navegando armoniosamente. Una fotografía desfallecida, neblinosa y bella. Ese gesto entregado me quebró. Se me escurrieron las palabras, ¿Qué podía decirle? ¿Qué podría reprochar? ¿Qué podía pedir que no estuviera recibiendo ya?. Todos los discursos del universo eran menos elocuentes que el calor de sus brazos aferrándome, o más bien, aferrándose de mí...Acaricié su cabello, sus mejillas hundidas, sus ojeras oscuras. Suavemente.

    Él subió su cabeza de mi regazo a mi pecho, y su expresión de dolor se fue mudando a paz. Dijo: "Te quiero, perdóname." Lo dijo muchas veces , muchas veces... Frotó su rostro en mis manos y su llanto las humedeció. Todo quedó lavado con esas lágrimas. Purificado. Claro. Borrados los precipicios. Borradas las esperas con dolor en las tripas. Borrada la incertidumbre. Borrada la rabia. Borrados los detalles, las piedras pesadísimas que hubieran hundido la embarcación. No es que no doliera, sino que su amor fue la anestesia que acallo el dolor. Cómo puede un gesto sencillo y verdadero obrar su milagrosa curación. Cómo una voz que nace de la fuente encantada del amor es capaz de sanar los tules rasgados de la ilusión, las cortaduras del alma... Los actos simples hacen simple al hombre. ¡Y qué difícil es ser un hombre simple! Él puso su cabeza sobre mi regazo, arrodillado ante mí. Entregado. Sincero. Avergonzado. Cansado. Vengo del infierno, musitó. Y yo supe que era cierto. Que solamente el infierno puede borrar el brillo de la mirada y dejar un pozo en cada ojo... ¡Cómo pudo ser que no me haya dado cuenta! ¿Y, qué esperabas, qué creíste, qué buscabas?

    No sé... las cosas estaban tan difíciles con vos... me pareció que no me querías más, que yo ya no te importaba. Me volví loco. Tenía que llamarte la atención... pensé que podía manejar la situación y caí en mi propia trampa. ¿Te sirvió? ¡Me horrorizó! No quiero recordar los detalles de esa historia; podría parecer un alarde de imaginación tortuosa, enfermiza. Me basta con saber que nada pudo destruir lo esencial. Que lo sagrado siempre quedó conmigo, y tuvo que regresar para recuperarlo... Acaricié su cabello suave. Besé sus párpados. Sus mejillas mojadas. Nunca estuvimos tan cerca como en ese momento. Nunca nos miramos tan hondo durante tanto tiempo. Tan hondo, tanto, tanto, que vi cuando sus ojos recuperaron aquella luz perdida. Venía del fondo, creciendo como un incendio: llama tibia, fogata, hoguera, sol. Amaneció su vida.

    Amaneció mi vida. Y no es que no doliera, ni que no hubiese existido la noche antes de ese amanecer... sino es que el amor... ay, el amor...

    Poldy Bird - Argentina 

     

    Que el amor sea suficiente - Poldy Bird

      

     

    Que el amor sea suficiente.
     
    El ángel está como suspendido en un estante alto de la biblioteca, con su gesto preparado para volar. Ese ángel de madera de guindo hecho por tus manos un tono más pálidas que su color de oro ruboroso. Qué extraño lo nuestro...
     Cada vez que hablábamos parecía que algo profundo nos acercaba, algo con magia y tripas, unos lazos de esos que no se desatan nunca más. Pero no.
     No había lazos. Ni bien nos separábamos, se soltaban los hilos intangibles que nos unían. Servían para unos breves momentos, los del encuentro. La más corta distancia los hacía desaparecer. Y otra vez la espera, otra vez volver a ser dos desconocidos, y la espera, la campanilla del teléfono que no suena, pulsar la tecla del contestador al llegar de la calle... y nunca tu voz con un mensaje..., y la espera, la espera, la espera... hasta reunir fuerzas y llamarte. ¿Qué tal, "extraño", cómo estás? No me pases facturas. Tuve unos líos bárbaros, vos sabes cómo anda todo... ¿Las cosas has cambiado tanto? ¿Ya no es lo más importante el amor, la relación humana, el compartir con otro penas, sueños, problemas, alegrías? Escuchar una vieja canción, leer en voz alta aquel poema de la Vilariñó o la Orozco, usar los ojos como telescopios para encontrar la Cruz del Sur en las noches de agosto... Una vez le abrí la pajarera a Magaldi (así se llamaba el jilguero) y el pequeño pájaro voló. No tuvo miedo. No se detuvo. No miró hacia atrás. ¡Y nosotros, tan fuertes, tan pensantes, tan declamadores de frases maravillosas... no nos atrevemos a traspasar la puerta que está siempre abierta, que nadie cierra...! Vos ahí.
     Yo aquí. No quiero hacer reproches. No quiero oírlos, tampoco. Me parece que tendríamos que hacer las cosas de otro modo. Dejar que el amor sea lo que debe ser: la savia del árbol, las alas del alma, el color del agua, las estrellas en el fondo de los ojos, la locura en el pensamiento, el calor de la piel... Dejar que el amor sea suficiente.
     Que lo demás estorbe, sobre no importe. Con tus manos hiciste un ángel para que me cuidara. Ahí está. Cerca de mí. Ahuyentando oscuridades y demonios con su aura rosada. Al tallarlo y pulirlo pensando en mí, invadiste mi territorio, te metiste en mi mundo reservado y secreto... ¿Cómo vas a salir de aquí? No podrás. Cuando alguien llega donde vos llegaste, ahí se queda para siempre. Te parecerá que podes salir, fantasearás con ello, pero no... una red invisible te ha atrapado, lo quieras o no. Estás en mi realidad virtual, en este espacio de zorzales que cantan al amanecer, cassettes que escucho cuatrocientas veces sin parar, libros que releo, papeles que escribo y no dejo que nadie lea, una alta palmera que veo desde la ventana... Estás. Vestido como yo quiero. Diciendo lo que quiero que digas. Pensando lo que quiero que pienses. Sintiendo lo que quiero que sientas. Porque mi mente está muy entrenada y es capaz de fabricar imágenes y situaciones que son las de la vida, o parecidas a la vida.
     Quizás sea esos lo que a muchos nos mantenga vivos: soñar que vivimos...
     Mientras la vida cree que anda por ahí... Mientras vos creas que andás por ahí. Y no se den cuanta, ni vos ni la vida, que si yo no los invento en mí ¡ustedes no existen! Deja que el amor sea suficiente. Y que no necesites nada más, porque el amor te alcanza.
     
    Poldy Bird.

     

    April 11

    Un cuento de Pascuas

     
     
     
     
    Que estas Pascuas te encuentre en familia,
    rodeado de tus seres queridos y
    que Dios los tenga siempre en la palma de su mano.
     
    FELICES PASCUAS !!!
     
     
    Un cuento de Pascuas

    Miércoles, último previo a Pascuas.
    Mis pasos me trajeron hasta el shopping... - "Dónde más?" - para dejar pasear mi vista por escaparates luminosos y atrapantes.  Repleto bote a bote.
    Familias enteras recorriendo negocios... preguntando precios, comparando... más allá, un niño llorando y en la librería, dos hermanitos saltando sobre la verde alfombra del local, hoy vacío, mientras la madre pierde la mirada en una pilchería contigua  y los vendedores, se preguntan con quiénes estarán esos chicos.... mmmm.... historia repetida... siempre son ajenos los malcriados hijos... me río sin darme cuenta y sigo.  Linda ropa... a ver... cara... mejor no tentarme, aún falta para cobrar y unos días pueden convertirse en siglos sin efectivo...
    La música del salón de ventas me invita a tararearla... extraña costumbre que, en una Buenos Aires triste y convulsionada, no he perdido y no deja de asombrar a quienes me cruzan, pero es más fuerte que yo...  Un reloj de arena atrapa mi mirada y no entiendo, ni quiero entender, lo que me dice un caballero al pasar...  mis pasos, en forma automática, se dirigen hacia la escalera mecánica...  "Debí venir antes... hoy es un gentío..." - tarde para pensarlo...  Debo sortear personas que caminan sin verme...
    Siempre me digo que, cada vez, debo ser más pequeña a ojos de los demás, quienes me empujan con cuerpos o bolsos calculando mal el espacio entre ellos y yo... pero no es así, por supuesto.
    Es como que la gente va por la vida, tan ocupada en sus cosas, que el resto estamos... y no estamos para ellos.. qué descuidados nos hemos vuelto, cuán desaprensivos!
    Una "dama" deja volar su temperamento ante una pequeña empleada de caja... los ojos vigilantes de un superior esperan una reacción que proteja al cliente... ese que tiene siempre la razón... aún cuando no la tiene... lo que para la cajera, sucede la mayoría de las veces.  Ingreso al mercadodesde todos los rincones asoman los colores de las pequeñas góndolas, gracias al papel metalizado brillante que envuelve el chocolate...
    Me distraigo en los envoltorios y... los precios...
    Tomo uno... dos... tres... - "Cuánto se redujo la familia!" -  pienso olvidando mi promesa de no pensar en eso...
    En esta época estaría eligiendo cuál le gustaría al "viejo"... pero ya no está... un huevo menos...
    De pronto me llama... allí desde lo alto...  abandonado por sus hermanos ya elegidos por otros compradores... hermoso... grande.. casi es como el adorno que no está a la venta, por lo solitario y su forma de presidir todo el conjunto.... - "Ese sería para él!" -
    Mis pasos me alejan de allí y me detengo en medio de un pasillo... - "Está hermoso!  Y si lo llevo?  A alguien se lo obsequiaré!  Pero... a quién?
    No importa... lo llevaré igual!" - y parecía brillar aún más su envoltorio, mientras mis brazos se estiraban para alcanzarlo...
    Una vuelta más... algo para la cena... para el fin de semana... no mucho... la mayoría de las cosas ya han sido compradas el fin de semana pasado...
    Larga la cola en la caja... paciencia... y, como siempre, el repaso de las  góndolas cercanas o la lectura de un libro en oferta... para "achicar" la espera...
    El changuito me acompaña hasta el estacionamiento.  Sólo Dios sabe dónde estará ese espacio libre en el que logré estacionar el auto.  Increíblemente lo encuentro... abro el baúl y me apresto para descargar las bolsas...
    Una vocecita muy dulce me pregunta - " Puedo ayudarla?".
    Giro y lo veo: delgadito, morocho, una amplia sonrisa, cabello apenas alisado con las manos y muchas ganas de conseguir otra moneda para el día... lo dejo ayudarme - "Total... no son tantas cosas, todas son livianas y debe sentirse útil antes que recibir dinero por pedir" -  ese 'segundo yo' que me acompaña reforzando o no, mis decisiones sobre la marcha...  para qué?... quién soy yo para juzgar cómo realmente esperan los demás que las cosas les sucedan??? Alma de docente hasta el fin...
    Terminada la faena, me extiende la mano y deposito en ella lo que considero adecuado... - "Está bien?" - pregunto dudando - "Siiii, gracias, señora!" y se aleja casi saltando en dirección a otro auto...
    "Espera un momentito!" - me sorprendo casi gritándole antes que se aleje.
    Frena en seco, me devuelve un signo de interrogación en la mirada  un -
    "Sí, doña?" - que se le escapa en la respuesta rápida...
    "Me gustaría que aceptaras también esto... si estás de acuerdo..."
    Los negros ojitos, asombrados, me devolvieron la alegría en el corazón... como el "viejo" cuando recibía su huevo cada Pascua, goloso, espectante con la dulce sorpresa... hasta en sus últimos días, siendo un chico en cada entrega...
    Y se fue más que contento con su regalo... al abrir la puerta del auto, un perfume nuevo emanó desde su interior y en ese instante... fu feliz...
     
    Autor desconocido por mí
     
     
     
    February 25

    Emociones y sentimientos.

     
     
     
     
    Emociones y Sentimientos.
     
    Dice un cuento  que  todas las emociones y los  sentimientos jugaban al juego de las escondidas. Quien estaba contando era La Locura que se apoyó sobre un árbol y empezó a contar mientras todos se escondían, 1000, 2, 6 sin órden contaba, como es la locura, y cada uno se escondió como pudo y uno a uno fue descubriéndolo. Piedra Libre!!! Y descubrió a la tristeza detrás de un sauce llorón, a la ingenuidad que se había escondido detrás de una piedra y se había tapado los ojos pensando que asi no la descubrirían... y encontró al miedo en un hueco y al único que no pudo encontrar es al amor que estaba muy oculto detrás de una hojas y por más que la locura miraba para todos lados no lo pudo encontrar.
    Entonces se acercó la traición y siendo fiel a su estilo se acercó a la locura y le susurró al oído: "Está ahí, detrás de las hojas. La locura miró pero como  la locura es medio ciega, la traición le dijo: "Tomá el tridente y pinchá las hojas para que salga!!!, asi  lo hizo hasta que el amor saliera. El tridente se llenó de gotas de sangre, cuando la locura sacó las hojas se dio cuenta que le había pinchado los ojos al amor.
    Cuanto lo siento hermano, yo no quise hacerte daño. Déjame remediarlo y para compensarte mínimamente lo que te hice, de ahora en adelante seré tu guía.
    Cuenta el cuento que desde entonces el amor es ciego y la locura lo lleva.
    Y dice el cuento:
    ....y el amor acompañado de la locura siguió haciendo pareja por muchos años hasta que un día el amor se cruzó con la razón y se dio cuenta que no podía ser más guiado por la locura, entonces pensó que la razón podría ser su destino y que le iba a dar solidez.
    El amor abandonó a la locura y se casó con la razón. Hicieron la pareja ideal, lo que todos quisiéramos tener.
    Cuenta el cuento que los años pasaron y el amor amaba mucho a la razón pero se dio cuenta con el tiempo que también se aburría mucho con la razón, con la razón que es tan razonable, con la razón que es tan circunspecta, y tan previsible.
    Dicen que dicen que de vez en cuando el amor aburrido de la razón se escapa para tener alguna aventura con la locura y después vuelve a la casa para mantener las formas....
     
    Autor desconocido por mí.
     
    November 27

    Último puente elevadizo - Poldy bird

     
     
     
    ULTIMO PUENTE LEVADIZO.
     
    Tengo tres millones de preguntas que quiero hacerte acerca de nuestra relación.
    ¿Por qué diablos jamás tenés necesidad de preguntarme si te extraño, si pienso en vos, si te necesito?
    ¿Por qué diablos nunca podés decirme que me querés sin que yo te lo pregunte?
    Y si te pregunto, me hacés un balance del tiempo que me dedicás, de las horas que pasás conmigo, de lo que desatendes por mí, amén de otras yerbas.
    Me da la impresión de que llevás una especie de contabilidad.
    Cuando un hombre está haciendo algo por una mujer, baja la banderita del taxímetro y va marcando, las fichas caen, todo queda absolutamente registrado para ser traído a colación en el momento oportuno.
    Cuando la cosa no va más, cuando la relación esta literalmente fulminada, la que pone el punto final generalmente es la mujer.
    Si por los hombres fuera, seguirían adelante porque sí. No por amor o para salvar la pareja o ... sino para no innovar.
    Dónde está ese hombre que se queda despierto, con insomnio por un problema afectivo. No por el trabajo ni por los frenos del auto, sino por mí. ¿Podés entenderlo? POR MI.
    Por esa mujer tan parecida a todas pero que cobró coraje para decir lo que piensa.
    Por esa mujer enamorada que alza la voz para expresar lo que siente.
    Por esa enloquecida pretenciosa que se ha tomado la atribución de mandarse toda esta filosofía de ruleros que jamás te va a parecer algo más que intrascendente, caprichosa, tonta.
    Yo me he jugado por amor, he sufrido por amor, he sido feliz por amor.
    Tonta, empecinada, loca, todo lo que quieras ... pero nada me ha resbalado ... nada me ha rozado superficialmente.
    No hay manera de convencerlos de que cuando una mujer se encrespa, machaca sin parar, es porque cree que vale la pena.
    Pero los hombres no entienden nada de nada.
    Y aunque ella se haya enamorado de él pensando que él no era “los hombres sino “el hombre, él solamente la considera una mujer, no “la mujer ...
    Llegará el lunes, el primer silencio de la semana. Pasarán varios días interminables.
    La soledad irá solidificando su costra.
    Y un día... un día. de repente, ella dejará de pedir cuentas, de sufrir por lo que él hace o deja de hacer.
    Y lo peor de todo será que a él, entonces, le parecerá que las cosas han mejorado, justamente cuando todos los hilos de unión estén cortados y ella haya levantado el último puente levadizo de su corazón y ya nada que provenga de él podrá rozarla.
     
    Poldy Bird.
     
    November 20

    La leyenda de la niña encantada.

     
     
    LA LEYENDA DE LA NIÑA ENCANTADA

    Existe en la provincia de Mendoza una laguna, que es como un engarce mágico en las alturas de las montañas. Fue en tiempos antiquísimos el cráter de un volcán, y por encantamiento su comba dorada por el fuego se convirtió en una pequeña laguna que es prodigio de belleza. De ella se desprende como hilo de plata un pequeño arroyuelo que bajando de la cumbre va a unirse al Salado después de recorrer un largo trecho entre peñascos bravíos. Los indios la llamaban" Alhué pichitrequen lauquen" (pequeña laguna. de Dios que se hiela).

    El poético encantamiento del paisaje hace que se justifique la leyenda que narran los paisanos, y cohíbe al hombre buscar una explicación racional de aquel misterio.

    "Elchá Chiamal Cané" (doncella de la túnica verde) fue entregada como prenda de paz
    por su derrotado padre al viejo cacique Calilué, quien la toma por esposa.
    La hermosa india acepta el sacrificio por la ventura de su pueblo, y la concordia
    reina entre las dos tribus enemigas. Sucedió entonces que al morir un cacique
    amigo de Calilué le encarga, cuide de su apuesto hijo, llamado Cantipán,
    y lo tenga por suyo.

    Elchá y Cantipán se enamoran desde el primer encuentro; por lealtad hacia su padre adoptivo, el joven quiere huir de la que ama, pero Elchá no lo deja hasta que promete
    que la hará raptar y escaparán juntos.

    Una noche, huyen los enamorados, y Calilué, en su desesperación, recurre a su hermana, la cacica Ghulcán, quien vanamente ha pretendido el amor de Cantipán.
    La despechada con el auxilio de la bruja Quetrupillán, parte en persecución
    de los jóvenes. Guiada por la bruja llegan a la. laguna,
    en una de cuyas grutas se habían refugiado.

    Elchá y Cantipán; quieren sorprenderlos, la perversa hermana de Calilué es transformada en lechuza, que lleva en sus manos un ramo de lirios-rosas" engualichados" por Quetrupillán.

    Junto a la orilla los enamorados deslizan su vida; la lechuza se acerca y arroja sus flores en el regazo de Elchá, quien alborozada, las coloca sobre su pecho
    y corre a contemplarse en las tersas aguas. Pero en cuanto lo hace queda transformada en piedra. Lleno de asombro y horror, Cantipán trata de volverla 
    a la vida besándola apasionadamente. Ante la inutilidad. de sus esfuerzos
    y enloquecido de dolor se arroja a la laguna.

    La cacica Ghulcán recobra la forma humana y suplica a la bruja salve
    al hermoso joven, de cuyo amor no puede desprenderse; mas como la bruja tarda
    en encontrar el sortilegio necesario, se arroja a la laguna para tratar de rescatarlo. Preparado el ungüento mágico, la bruja saca los cadáveres y los vuelve a la vida. Cantipán corre a abrazar la petrificada figura de su amada; Ghulcán,
    loca de celos, se interpone  y le enrostra su deslealtad para con Calilué,
    y sollozando le pide perdón, pues la culpable de todas sus desgracias es la bruja Quetrupillán. Esta, al verse descubierta quiere huir; recoge el ramo
    de lirios-rosas y, sin desearlo, se contempla en el agua: instantáneamente
    obra el sortilegio y desaparece en las aguas con las flores engualichadas, "convertida en una roca negra". Cantipán, estupefacto, comprende
    que en el ramo lirio está el encantamiento, y para recuperado y, volver a la vida
    a Elchá  se arroja de nuevo a la laguna. Ghulcán, ante el fracaso, sigue al que
    amó inútilmente hacia el desconocido fondo del cual nunca regresarán...
     
    En las noches de luna se escucha la queja lastimera de los enamorados, mientras
    con sus ojuelos vivaces, una lechuza, donde refugióse el alma de la bruja,
    ronda, presa del encantamiento...

    Y así corre entre los paisanos de la tierra de los huarpes esta tierna leyenda.
    Hay quienes refieren que la laguna en noches silenciosas emite en el cabrilleo
    de sus aguas, un lamento suave y profundo. Son las voces de Elchá y Cantipán
    que aun esperan  alguien que los despierte del encantamiento.
     
    Autor desconocido por mí.
     
    October 18

    La promesa cumplida - Brian Keefe.

     

    LA PROMESA CUMPLIDA.
     
    La cita a la que iba era muy importante; se había hecho tarde y estaba completamente perdido.
    Dominando mi orgullo masculino, comencé a buscar un lugar dónde pedir información; una estación de servicio, tal vez. Dado que había cruzado la ciudad de una punta a la otra, el indicador de combustible estaba muy bajo y el tiempo apremiaba.
    Delante del cuartel de bomberos, noté el reflejo ambarino de una luz. ¿Qué mejor lugar para averiguar una dirección? Bajé rápidamente del auto y crucé la calle hacia allí.
    Las tres puertas estaban abiertas de par en par y por ellas se veían las rojas autobombas con las puertas abiertas, los cromos relucientes, a la espera del momento en que sonara la campana.
    Una vez dentro, me invadió el olor del cuartel. Un olor mezcla de mangueras que se secaban en la torre, enormes botas de goma y cascos. Aquel vaho, mezclado con el de los pisos recién lavados y los camiones lustrados, producían ese misterioso aroma típico de todos los cuarteles de bomberos.
    Aminoré el paso, respiré hondo y, al cerrar los ojos, me sentí transportado a mi niñez, al cuartel de bomberos donde mi padre trabajó durante treinta y cinco años como jefe de mantenimiento.
    Miré hacia el fondo del cuartel y allí estaba, lanzando chispas doradas al cielo, el poste de incendios.
    Cierto día, mi padre dejó que mi hermano Jay y yo nos deslizáramos dos veces por el poste. En el rincón del cuartel se encontraba el deslizador que usaban para meterse debajo de los camiones cuando los reparaban. Mi padre solía decir: - Agárrate - y me hacía girar una y otra vez hasta que me sentía mareado como un marinero borracho. Era más divertido que ningún juego de hamacas voladoras que yo hubiera conocido.
    Junto al deslizador había una vieja máquina expendedora de Coca-Cola, con el logo clásico de la marca. Todavía proveía esas botellitas verdes originales, pero ahora costaban treinta y cinco centavos en lugar de diez, como entonces. Las visitas al cuartel de papá siempre culminaban con un paseo hasta la expendedora, lo cual representaba una botella de gaseosa para mi solo.
    Cuando tenía diez años fui con dos amigos al cuartel para lucirme con mi papá y para sacarle algunas gaseosas. Después de mostrarles el cuartel a los chicos, le pregunté a papá si podíamos tomar una bebida cada uno antes de volver a casa para almorzar.
    Ese día detecté una leve vacilación en la voz de papá, pero respondió:
    - Cómo no -  y nos dio a cada uno una moneda de diez centavos. Corrimos hasta la máquina expendedora para ver si alguna botella tenía la tapa con la estrella grabada adentro.
    ¡Qué día de suerte! Mi tapita tenía la estrella. Me faltaban sólo dos más para ganar la gorra de Davy Crockett.
    Después de dar las gracias a papá, salimos rumbo a casa para almorzar y pasar la tarde nadando.
    Aquel día volví temprano del lago; al entrar en el vestíbulo oí que mis padres estaban hablando. Mamá parecía disgustada con papá. Y entonces oí mi nombre.
    - Tendrías que haberles dicho que no tenías dinero para gaseosas. Brian habría comprendido. Esa plata era para tu almuerzo. Los chicos deben entender que no tenemos dinero de sobra y tú necesitas comer.
    Papá, como de costumbre, se encogió de hombros.
    Antes de que mi madre supiera que había escuchado la conversación, subí corriendo las escaleras hasta la habitación que compartía con mis cuatro hermanos.
    Di vuelta mis bolsillos; la tapa de la botella que había causado tantos problemas cayó al suelo. Mientras la levantaba, dispuesto a ponerla con las otras siete, me di cuenta del sacrificio que esa tapa había significado para mi padre.
    Esa noche hice una promesa de compensación: algún día podría decirle a papá que supe del sacrificio que hizo aquella tarde, y tantos otros días, y que jamás lo olvidaría.
    Papá sufrió el primer ataque al corazón cuando aún era joven, a los cuarenta y siete años. Pienso que el ritmo que impuso a su vida, trabajando en tres lugares distintos para mantenerlos a los nueve, fue demasiado para él.
    La noche en que mis padres cumplían sus bodas de plata, rodeados por toda la familia, el más grande, fuerte y ruidoso de todos nosotros mostró la primera grieta en la armadura que, de chicos, creíamos impenetrable.
    Durante los ocho años siguientes mi padre continuó presentando batalla; llegó a sufrir tres ataques cardíacos, hasta que terminó con un marcapasos.
    Una tarde, su vieja camioneta azul se descompuso y él me llamó para que lo llevara al médico, a hacerse el control anual. Al entrar en el cuartel vi afuera a mi padre con todos sus compañeros, arracimados alrededor de un flamante camión pick-up Ford color azul brillante.
    Comenté que era muy lindo y papá me dijo que pensaba tener algún día un camión así.
    Soltamos la risa. Ese había sido siempre su sueño... y parecía inaccesible.
    A esa altura de mi vida me iba bien en los negocios, lo mismo que a mis hermanos. Ofrecimos comprarle un camión entre todos, pero él lo expresó con toda claridad:
    - Si no lo pago yo, no me parecerá mío.
    Cuando papá salió del consultorio, supuse que el aspecto gris y pastoso de su cara se debía a tantos pinchazos y sondeos.
    - Vámonos- fué todo lo que dijo.
    Al subir al auto comprendí que algo andaba mal. Viajamos en silencio; yo sabía que papá me diria a su modo cuál era el problema.
    Hice un rodeo hasta el cuartel. Pasamos frente a nuestra vieja casa, el campo de juegos, el lago y el negocio de la esquina; mi padre comenzó a hablar del pasado y de los recuerdos que cada uno de esos lugares le traía.
    Entonces supe que se estaba muriendo. Me miró e hizo un gesto con la cabeza.
    Comprendí.
    Nos detuvimos en la heladería Cabot para tomar un helado juntos, por primera vez en quince años. Y hablamos, ¡cuánto hablamos ese día! Me dijo que estaba orgulloso de todos nosotros y que no tenía miedo de morir. Su temor era dejar sola a mi madre.
    Me reí entre dientes. Nunca había visto a un hombre tan enamorado de su mujer como mi papá.
    Ese día me hizo prometer que no diría a nadie lo de su muerte inminente.
    Accedí, aun sabiendo que ése sería uno de los secretos más difíciles de guardar.
    Por entonces, mi esposa y yo estábamos a la búsqueda de un auto o una camioneta nueva. Como mi padre conocía al vendedor de una concesionaria, en Wayland, le pregunté si podía acompañarme para ver qué tipo de vehículo podría conseguir si entregaba el viejo como parte de pago.
    Cuando entramos en el salón de ventas, descubrí a papá mirando una hermosísima pick-up marrón chocolate metalizado, completamente equipada.
    Lo vi deslizar la mano por el vehículo, como un escultor que inspeccionara su obra.
    - Creo que tengo que comprar una camioneta, papá. Quiero algo chico y de buen rendimiento.
    Mientras el vendedor iba en busca de la patente provisoria, sugerí a mi
    padre que sacáramos la pick-up marrón para dar una vuelta.
    - No puedes permitirte ese lujo- me advirtió.
    - Lo sé, y tú también lo sabes, pero el vendedor no- respondí.
    Salimos a la ruta con papá al volante, riendo como dos chicos por la jugarreta que habíamos hecho. Condujo unos diez minutos, elogiando su andar, mientras yo jugueteaba con todos los botones.
    Cuando volvimos al salón de exposición, sacamos una pequeña camioneta Sundower azul. Papá dijo que esa camioneta era mucho mejor para ir y venir entre la ciudad y el suburbio, pues ahorraría mucha nafta en mis largos recorridos. Estuve de acuerdo y, al volver, cerré trato con el vendedor.
    Algunas noches después llamé a mi padre para preguntarle si no quería acompañarme a retirar la camioneta.
    Creo que, si aceptó tan de prisa fué para poder echarle una última mirada a "su" pick-up, como él la llamaba.
    Al frenar en el patio del concesionario, vimos mi pequeña Sundower azul con el cartel de Vendido. Al lado estaba la pick-up marrón, bien lavada y reluciente, con otro gran cartel de Vendido en la ventanilla.
    Miré de reojo a mi padre y ví la desilusión dibujada en su cara.
    - Alguien va a llevarse una hermosa camioneta- comentó.
    Me limité a asentir, mientras le decia:
    - Papá, ¿quieres entrar y decirle al vendedor que vuelvo en cuanto estacione el auto?
    Al pasar junto a la camioneta marrón, mi padre deslizó la mano por la superficie; volví a ver su expresión decepcionada.
    Llevé el auto hasta el lado opuesto del edificio y, por la ventanilla, observé a ese hombre que lo había dado todo por su familia. Vi que el vendedor lo hacía entrar y le entregaba el juego de llaves de su camioneta marrón, explicándole que yo la había comprado para él, que sería un secreto entre los dos.
    Papá miró por la ventana y nuestros ojos se encontraron; los dos asentimos riendo.
    Esa noche, cuando papá llegó, yo estaba sentado a la puerta de mi casa. Le di un gran abrazo, lo besé, le dije cuánto lo quería, y le recordé que ése era un secreto entre los dos.
    Luego salimos a dar un paseo. Papá me dijo que entendía lo de la pick-up. Lo que no entendía era qué significaba esa tapita de Coca-Cola, con una estrella en el centro, adherida al volante.
     
    Brian Keefe.

     

    Una bella historia.

     
     
    Una bella historia.
     
    "Se acercaba mi cumpleaños y quería ese año pedir un deseo especial al apagar las velas de mi pastel. Caminando por el parque me senté al lado de un mendigo que estaba sentado en uno de los bancos, el más retirado, viendo dos palomas revolotear cerca del estanque y me pareció curioso ver al hombre de aspecto abandonado, mirar las avecillas con una sonrisa en la cara que parecía eterna. Me acerqué a él con la intención de preguntarle por qué estaba tan feliz. Quise también sentirme afortunado al conversar con él para sentirme más orgulloso de mis bienes, por que yo era un hombre al que no le faltaba nada, tenía mi trabajo que me producía mucho dinero, claro como no iba a producírmelo trabajando tanto, tenía mis hijos a los cuales gracias a mi esfuerzo tampoco les faltaba nada y tenían los juguetes que quisiesen tener. En fin gracias a mis interminables horas de trabajo no les faltaba nada ni a mi esposa ni a mi familia completa. Me acerqué entonces al hombre y le pregunté,
    -Caballero que pediría usted como deseo en su cumpleaños?
    Pensando yo que el hombre me contestaría que dinero y así de paso yo darle unos billetes que tenía y hacer la obra de caridad del año. No sabe usted mi asombro cuando el hombre me contestó lo siguiente con la misma sonrisa en su rostro que no se le había borrado y nunca se le borró.
    -Amigo si pidiese algo más de lo que tengo seria muy egoísta, yo ya he tenido de todo lo que necesita un hombre en la vida y más. Vivía con mis padres y mi hermano antes de perderlos una tarde de junio, hace mucho, conocí el amor de mi padre y mi madre que se desvivían por darme todo el amor que les era posible dentro de nuestras limitaciones económicas. Al perderlos, sufrí muchísimo pero entendí que hay otros que nunca conocieron ese amor que yo si y me sentí mejor. Cuando joven conocí una niña de la cual me enamoré perdidamente, un día la besé y estalló en mí el amor hacia aquella joven tan bella que cuando luego se marchó, mi corazón que sufría tanto, recordé ese momento y pensé que hay personas que nunca han conocido el amor y me sentí mejor. Un día en este parque un niño correteando cayó al piso y comenzó a llorar, yo fui, lo ayudé a levantarse, le sequé las lágrimas con mis manos y jugué con él por unos instantes más y aunque no era mi hijo me sentí padre, y me sentí feliz porque pensé que muchos no han conocido ese sentimiento. Cuando siento frío y hambre en el invierno, recuerdo la comida de mi madre y el calor de nuestra pequeña casita y me siento mejor porque hay otros que nunca lo han sentido y tal vez no lo sientan nunca. Cuando consigo dos piezas de pan comparto una con otro mendigo del camino y siento el placer que da compartir con quien lo necesita, recuerdo que hay unos que jamás sentirán esto. Mi querido amigo, que más puedo pedir a Dios o a la vida cuando lo he tenido todo, y lo más importante es que estoy consciente de ello. Puedo ver la vida en su más simple expresión, como esas dos palomitas jugando, qué necesitan ellas? Lo mismo que yo, nada. Estamos agradecidos del cielo de esto, y sé que usted pronto lo estará también.
    Miré hacia el suelo un segundo como perdido en la grandeza de las palabras de aquel sabio que me había abierto los ojos en su sencillez; cuando miré a mi lado ya no estaba, sólo las palomitas y un arrepentimiento enorme de la forma en que había vivido sin haber conocido la vida. Jamás pensé que aquel mendigo, tal vez un ángel enviado por el Señor, me daría el regalo más precioso que se le puede dar a un ser humano... la humildad."
     
    Autor desconocido por mí.
     
    September 30

    Mariel... - Soledad Del Sol

     
     
     
    Mariel...
     
    En un lugar del mundo, donde las alegrias y tristezas se asemejan, habitaba y vivía Mariel.
    Hija única mujer de una pareja que una vez se amaron, pero la infidelidad de aquella joven madre terminó con la felicidad de aquel hogar.
    Juan Manuel, olvidó por el dolor sus deberes como padre entregándose de lleno a los brazos del alcohol, mientras Mariel con los ojos asustados y sus ocho años era hija, hermana y madre de sus dos hermanos pequeños.
    Debía responder con los quehaceres de la casa sin olvidar sus deberes con la escuela. Difícil tarea para aquella niña que empezaba a vivir con responsabilidades, cuando apenas despertaba a la vida y solo quería jugar.
    Difíciles primeros días cuando debía trabajar, hilos de sangre que brotaban de sus pequeñas manos, lavando a diario los pañales de José, quién solo esbozaba una sonrisa como si aquél bebé adivinara o entendiera que debía facilitar el trabajo de Mariel.
    Faena preocupante para ella cocer y preparar los alimentos, cuando observaba desilusionada, que ni ella misma los podía comer, mientras el padre atento la miraba y asentía que ya lo haría mejor, era cuestión de tiempo para mejorar sus tareas asignadas.
    Por las noches abrazada a su almohada pensaba, porqué se fué...mucho mas crecía su tristeza cuando el niño reclamaba los brazos de mamá.
    Hasta el momento resignada Mariel cumplía como madre, pero los ánimos se fueron exaltado cuando a altas horas de la noche el padre retornaba, mirando fijo a su pequeña hija, reprochándole la ausencia de su madre, profiriendo palabras gruesas que Mariel nunca quiso recordar, parecía ser pecado parecerse a su mamá.
    Mas después llovían golpes, por manchar una camisa y no almidonar bien los cuellos, porque su traje no lucía bien planchado, labores que a diario mejoraba por sentirse útil y ya no recibir más mal tratos, sobre todo siempre buscaba alivianar los problemas y ser orgullo del papá.
    Por las mañanas salía una hora adelantada para hacer las tareas en la mesa de una plaza, era el único lugar tranquilo para ella, donde podía llorar y las lágrimas que derramaban manchaban sus hojas de cuaderno y era motivo de otra golpiza.
    Lucía siempre almidonada, con su falda azul plizada, hermosa cara de esa niña, que por ser bella despertaba la envídia, indiferencia y la burla de cada una de sus compañeras.
    Sentada en un en rincón del patio del Colegio, solo atinaba a pensar, algunas veces buscaba la soledad de la caplilla donde a Dios le hablaba y suplicaba que regresara su mamá.
    Era seria y aplicada pero el miedo se apodera de ella cuando la llamaban a la pizarra y no le salían las palabras, porque se olvidaba hasta de hablar.
    Otro motivo de golpiza cuando a Juan Manuel lo hicieron llamar al Colegio. Extrañamente Mariel en presencia de su padre respondía todas las preguntas que la monja cuestionaba, cambiándole rostro a la maestra por la gran sorpresa.
    Un buen día hizo un dibujo que asombró a la maestra, una simple carátula de una carpeta, tal motivo fué para cambiar la actitud de las alumnas y de esa manera una que otra le hablaban...
    Llegó a formar parte del coro del Colegio, y fué aquello lo que al fin le fascilitó llegar a que sus compañeras la vieran como otra alumna mas.
    Por las noches se miraba en el espejo, y se rasgaba la cara, para parecer que no era niña hermosa, y todos la aceptaran con mayor facilidad.
    Pero así solo se ganaba otro regaño y otra herida por curar.
    Fué así que transcurieron los años, y Mariel fé la hija modelo y predilecta de su padre, la madre hermana de sus hermanos, la admiración de la gente del barrio y de sus maestros.
    Fué Mariel una niña que aprendió a ser escalava de sus tristes recuerdos, y hoy es !!MUJER Y MADRE!! sin haber aprendido a jugar...

    Soledad Del Sol.
     
    July 27

    En casa para siempre - Jean Bole.

     
     
     

    En Casa Para Siempre.

     

    “La mas preciosa posesión que puede llegar a tener un hombre en este mundo es el corazón de una mujer”.

     

     

     

    Era uno de aquellos días extraños. Ya saben a que me refiero. Cuando me levante a la mañana, me sentí en paz. El sol brillaba. El aire estaba fresco por el aroma del verdor. Era un bello día y yo estaba bien con el mundo.

    Era mi día libre y con agrado me disponía a limpiar la casa y lavar la ropa. Trabajo mucho en un hogar de pacientes crónicos como enfermera de rehabilitación, y en los quehaceres domésticos. No siempre. Pero a veces es un cambio refrescante.

    Alrededor de las ocho de la mañana sonó el teléfono. Podía oír la voz de mi madre al otro lado de la línea. Se escuchaba tensa e, instintivamente, supe que algo andaba mal. Ella estaba a punto de llorar.

    Procedió a decirme que mi abuelo, su padre, estaba muy enojado porque el hogar de ancianos al que había ingresado dos semanas antes aun no lo había colocado en la misma habitación de mi abuela. Ese había sido el trato: compartiría una habitación con su esposa. Se lo habíamos prometido y contaba con ello.

    Siete años y medio antes, la abuela había sido internada en ese lugar debido a que padecía una enfermedad progresiva, la de Alzheimer, y a la incapacidad de mi abuelo para cuidar de ella. Cuando ingreso tenía 90 años y mi abuelo 91. todos los días, durante los siete años y medio siguientes, el caminaba mas de un kilómetro de ida y de regreso para pasar el día con ella. Aun cuando ella no podía hablarle ni responder a sus cuidados y su compasión, el abuelo continuaba con su vigilia diaria.

    Cada vez que yo lo visitaba, me relataba como se habían conocido, un día que nunca olvidaría. Me contaba que primero la vio en una multitud de gente en la feria, y que le había impresionado “la linda cinta roja que llevaba en sus cabellos castaños”. Luego sacaba su billetera y me enseñaba la fotografía que tomo aquel día en la feria. Siempre la llevaba consigo.

    Con el tiempo, el abuelo llego a estar demasiado débil para vivir solo y cuidar de si mismo. A veces, hasta se olvidaba de comer. Sabia que era solo cuestión de meses que el también tuviera que ser atendido por otros.

    Eso no fue fácil de aceptar. Siempre había sido un hombre tenazmente independiente. Condujo su auto hasta los noventa y tres años, y jugo golf diariamente, cuando el clima lo permitía, hasta los noventa y seis años. Pago sus cuentas, mantuvo su apartamento, se lavo la ropa, compro y cocino su comida hasta los noventa y siete años. Pero cuando se aproximaba a los noventa y ocho, ya no pudo cuidar más de si mismo.

    Después de mucha persuasión, amor y apoyo, se avino a ingresar al hogar donde se encontraba mi abuela, pero con una condición: compartiría una habitación con ella o no iría. Esto fue lo que decidió y la familia estuvo de acuerdo. Quería “estar con su amada”.

    La directora acepto la solicitud y el abuelo ingreso. El día que llego, sin embargo, se le dijo que debería aguardar un par de días hasta que trasladaran a la persona que compartía la habitación con la abuela. Le aseguramos al abuelo que todo estaría bien y partimos, suponiendo que estaba arreglado.

    Pero los días se convirtieron en semanas y el abuelo aun no había sido trasladado a la habitación de la abuela. Cada vez estaba más confundido y letárgico. No comprendía porque no podía estar con ella. Peor aun, se hallaba en otro piso y ni siquiera podía “encontrarse” con ella.

    Mi madre preguntaba constantemente porque no habían trasladado al abuelo y  a que se debía la demora, pero sus preguntas caían en oídos sordos. Por fin, la directora le dijo que lo más conveniente para el abuelo no era mudarse a la habitación de la abuela. Dada su debilidad, pensaban que podría hacerse daño al tratar de colocarla en una occisión mejor o moverla. Conocían bastante su naturaleza independiente y su voluntad de hacer las cosas bien.

    Al principio, mi madre acepto esa decisión, pero luego se mostró cada vez mas preocupada. El abuelo se sentía mal lejos de su esposa. Solo deseaba estar con ella –con la persona a quien había amado durante sesenta y ocho años-. Hablaba de ello permanentemente, y estaba siempre triste. El brillo de sus ojos azules se había desvanecido.

    Una mañana sonó el teléfono. No había visto al abuelo desde su ingreso al hogar. Al igual que mi madre, luchando por retener las lágrimas, mi abuelo me relato lo sucedido.

    Me abrumo la tristeza. Ese ser a quien quería tanto, a quien había idealizado de niña y aprendido a conocer y a respetar como adulta, pasaba sus último años descorazonado y solitario. El, que era mi lazo con la eternidad, estaba perdiendo su espíritu. No le llevaban el apunte y se le negaba el control de su vida. Me enoje muchísimo ante lo que considere una verdadera injusticia.

    Después de hablar con mi madre, decidí encargarme del asunto. Llame a la directora del asilo y le pregunte sobre la situación. Me reitero la información que me había dado mi madre. Le explique con serenidad que, a mi entender el abuelo debía ser trasladado a la habitación de la abuela, como se le había prometido. Ella insistió en que podría esforzarse demasiado y lastimarse al cuidarla. Le señale que era importante cumplir la promesa, porque ambos se beneficiarían emocionalmente al compartir la misma habitación, como lo habían hecho durante sesenta y ocho años. No veía porque, al final de sus largas y amorosas vidas, habría de negárseles su mutua compañía. Se amaban, y el “trato” había sido que estarían juntos.

    Tras mucha discusión y desacuerdo, ya no pude contenerme. Mis emociones estallaron. Pregunte: “¿cual es el problema? Si mi abuelo, de noventa y ocho años, tuviera colesterol y le fascinara comer queso, ¿sabe una cosa? , lo dejaría hacerlo. Es mas, ¡yo misma saldría a comprarle su queso predilecto! Y si no pudiera comer solo, yo se lo daría. Estar en una habitación con mi abuela es importante para el, para su bienestar emocional, para su espíritu, para que haya brillo en sus ojos”.

    Hubo una larga pausa al otro lado del teléfono. La directora contesto que comprendía lo que le estaba diciendo y que se ocuparía de ello.

    Eran cerca de las nueves de la mañana cuando terminamos nuestra conversación, les daría plazo hasta las dos de la tarde para que mis abuelos estuvieran juntos. También le informe que si no efectuaba el traslado para ese momento, yo misma los retiraría de esa institución y los colocaría en otra donde pudieran compartir la misma habitación.

    Luego llame a mi madre y le dije:

    -Deja todo y toma tu bolso. Vamos a visitar a los abuelos. Conduje hasta lo de mi madre, deteniéndome en el camino a fin de comprar un televisor a color para el abuelo, mama me recibió en la puerta con una gran sonrisa y juntas nos dirigimos al asilo, con la sensación de haber controlado la situación.

    Cuando llegamos, la abuela dormía profundamente y el abuelo estaba sentado a su lado, acariciando sus cabellos. Tenía una sonrisa en el rostro y aquel viejo brillo en sus maravillosos ojos azules. Le arreglaba el cobertor y le estiraba las sabanas. Y comenzó a hablarme de nuevo de su “amada” y de cuanto la quería, sin dejar de mencionar la feria y el lazo rojo en sus hermosos cabellos castaños. Me enseño la fotografía que guardaba en la billetera. Por fin había llegado a casa.

     

    Jean Bole.

    Extraído del libro “Sopa de pollo para el alma de la mujer”.